¿Cayó el muro de Berlín?
El 1 de mayo de 2004 marcó un antes y un después en la construcción de la Unión Europea. La Europa de los 15, pasó a ser la Europa de los 25. Un paso tan arriesgado, como ambicioso. De pronto a sus dirigentes les entraron las prisas por crecer, en lugar de cimentar y consolidar el proyecto unitario (por aquellos años ya Gran Bretaña era la "mosca cojonera" del proyecto europeo). Incorporar a países provenientes del antiguo bloque soviético se convirtió en una especie de "obligación moral", emanada del desmoronamiento de la Unión Soviética y de la necesidad de configurar el espacio geográfico europeo hasta las fronteras mismas de la nueva Rusia.
A los dirigentes de la Unión Europea les preocupaban más el proceso de adaptación económica e industrial de estos países y la obsesión por convertirse en la mayor área económica del mundo que una transformación de sus mentalidades. Setenta años de colectivismo, dependencia absoluta del Estado y ausencia de libertades impregnaron a tres generaciones. No era fácil la adaptación a las democracias liberales.
No se calibró en sus justos términos el tiempo que hacía falta para que los nuevos miembros pudieran participar en el proyecto común y compartir los valores que dieron sentido a la Europa que surgió de las cenizas de la barbarie. Los dirigentes políticos de Polonia, Hungría, Rumanía... no nacieron después de la caída del muro de Berlín, procedían de las élites burocráticas corruptas, cuyo referente fue la Rusia de Boris Yeltsin, y luego, el nuevo "zar" de las rusias, Vladimir Putin (conviene no olvidar que este personaje fue el jefe de la temible KGB soviética). Se parecen demasiado. Soportan la democracia formal porque no les queda más remedio, pero el autoritarismo son sus señas de identidad. El Estado de derecho se lo pasan por el arco del triunfo (ni siquiera disimulan).
Orbán (Hungría) y Kaczynski (Polonia) han aprobado leyes que posibilitan el despido de jueces críticos con las reformas y el nombramiento de jueces por el Ejecutivo. "La situación es muy grave y por eso estamos aquí", ha señalado el presidente de la Asociación Europea de Jueces durante la "marcha de las mil togas" en Varsovia. El Estado de derecho, la independencia judicial y la libertad de prensa está seriamente amenazados en Polonia y Hungría.
El Parlamento polaco tramita un proyecto que castiga con penas de cárcel el impartir educación sexual a menores (Vox, en España, no anda lejos de ello). Es una norma que se parece mucho a una ley rusa de 2012. El proyecto ha puesto en alerta y han saltado todas las alarmas de la sociedad civil polaca y europea. La Federación Internacional de Planificación Familiar instaba al Parlamento polaco a "defender la salud y el bienestar de niñas y niños en lugar de eliminar las protecciones esenciales". La Eurocámara recuerda que "la salud sexual es fundamental para la salud y el bienestar general de las personas, parejas y familias".
El 9 de noviembre de 1989 fue una fiesta europea, lo fue al estilo de la "mascletá" valenciana. La ilusión de durabilidad limitada (borrachera incluida), cuya resaca todavía forma parte del día a día de los berlineses (del antiguo Este) y del resto de los alemanes de la antigua RDA. No se consideran alemanes de pleno derecho y afloran sus querencias hacia partidos de extrema derecha (AfD). Se identifican más con Viktor Orbán y Jaroslaw Kaczynski que con Angela Merkel.
La nueva presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula van del Leyen, no es Angela Merkel, y en su afán de tender puentes con los gobiernos autoritarios del Este está debilitando aún más, si cabe, a la Unión Europea (para regocijo de Trump, Putin y Johnson).
Varsovia y Budapest se comportan como esos jóvenes insoportables que viven a expensas de sus padres, pero que se niegan a acatar las normas de la familia. Es inaudito que Polonia sea receptor neto de los fondos comunitarios: en el periodo del 2007/2013 recibió de Europa 68.000 millones de euros y en el periodo del 2014/2020 recibirá 86.000 millones. El 54% de su impresionante obra pública procede de los fondos europeos... ¡y su gobierno es abiertamente euroscéptico! Los líderes europeos (Merkel, Macrón, Tusk...) recordaron ya en su momento "que no se puede aspirar a ser la gran beneficiada del presupuesto comunitario y, al mismo tiempo, saltarse las normas fundamentales europeas", pero sus palabras y advertencias caen en saco roto.
El muro (mental) de Berlín permanece, treinta años después, en algunos países del Este de Europa. Incapaces de asimilar que los valores supremos que posibilitaron la actual UE son el antídoto del autoritarismo y la barbarie.
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