Carencias en la humanización sanitaria
De un tiempo a esta parte, es frecuente la presencia en los medios de comunicación de diversas iniciativas que buscan hacer nuestros hospitales más humanos, adaptados a las necesidades y edades del paciente y su familia. Exposiciones fotográficas, actividades lúdicas con la infancia y juventud hospitalizada, microconciertos, puertas abiertas en la unidad de cuidados intensivos... son solo algunas de las medidas puestas en marcha.
Aunque la mayoría de las personas no necesiten saber qué es la humanización para portarse con humanidad con sus semejantes, bienvenidas sean estas actuaciones que favorecen la creación de un entorno hospitalario más confortable. Que la asistencia sanitaria necesita ser humanizada cuenta con la aprobación de pacientes, familiares, cuidadores, asociaciones de afectados, ciudadanía, profesionales y directivos. La tecnificación de la medicina, la masificación, la rigidez de la organización, la burocratización... son solo algunas de las barreras que siguen en pie y dificultan el avance hacia una participación más activa de los pacientes y sus familias en la toma de decisiones, una comunicación más cercana y personalizada con los profesionales, y una atención integral de sus necesidades. Para percibir que el hospital está al servicio de la ciudadanía, comprometido e integrado con la comunidad, y hacer frente al reto de la deshumanización de la asistencia, los equipos directivos deberían contar con las asociaciones de pacientes, hasta ahora ninguneadas. Además del apoyo que prestan a los afectados y familiares, proporcionan formación, información y orientación sobre la enfermedad, llevan a cabo actividades de prevención y promoción de la salud, de sensibilización social sobre las condiciones de vida de los enfermos, complementan o amplían la cartera pública de servicios sociales y sanitarios, colaboran en la investigación y defienden los derechos de los pacientes. Son agentes de salud, y deberían ser piezas claves en el funcionamiento de los centros sanitarios, pero la escasa participación de los enfermos en la toma de decisiones que les afectan y la exigua representación de las asociaciones de afectados en los órganos de gestión y gobierno de cualquier institución sanitaria hacen que estas organizaciones parezcan poco útiles y representativas a ojos de las autoridades sanitarias y de los profesionales en general.
Además, son uno de los mejores evaluadores externos de los servicios sanitarios. No puede haber una asistencia de calidad sin que sea una asistencia humanizada, y ello pasa, entre otras cosas, por que en los centros sanitarios se informe a los pacientes de la existencia de estas asociaciones, se destinen espacios a que puedan desarrollar sus actividades y se las reconozca como interlocutores de los gestores y de los profesionales. ¡Ya toca!
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