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Los felices 100 años del cronista oficial de Tineo, don Julio Antonio Fernández Lamuño

6 de Febrero del 2020 - Senén González Ramírez (Tineo)

“Mi contacto con las brañas de Tineo y con el mundo vaqueiro fue muy temprano, a los 8 años de edad, cuando gobernaba en España el general don Miguel Primo de Rivera, de cuya visita a Luarca conservo un vivo recuerdo por el estruendo de los voladores y la comitiva que le acompañó hasta el quiosco de Marchica. Un día luminoso y primaveral llegué, acompañando a mi padre en viaje profesional, a la braña de Businán, y quedé admirado de todo cuanto allí contemplé, oí y disfruté, con sensaciones que aún hoy, tras casi noventa años de distancia, recuerdo vivas e intensas.

”Nos habíamos apeado de un automóvil Citroën descapotable en Naraval. En mansas caballerías (la que yo montaba la llevaba un paisano del ronzal) nos trasladamos avanzando por la senda de Nera, y ascendiendo al suave otero donde se asienta esta braña de invierno que se llama Businán. Quedé admirado del paisaje, que me pareció propio de un paraíso; vi unas vacas roxas, lustrosas y pacíficas, que dos airosas vaqueiras llevaban al pasto; oí el campanilleo de esquilones, el balido de algunas ovejas y el zumbar de los tábanos, y terminé tan impresionado de aquel ambiente de égloga que desde entonces soñé en hacerme vaqueiro, en sumergirme de por vida en aquellas montañas donde las vacaciones (así me pareció) eran continuas y en las que el trabajo era tan solo un agradable entretenimiento.

”(...) quedé pasmado y mi pasmo y admiración todavía perduran hoy. Creo que en mi subconsciente aquel día tomé la determinación de dedicar los días de mi vida futura a gozar de las delicias de un ambiente campesino que, en parte alguna, se presentaría más feliz que una braña de auténticos vaqueiros (1)”.

Estas palabras, entresacadas del texto de la conferencia pronunciada en la Casa de Cultura de Luarca, un viernes 28 de julio de 2000, por don Julio, retratan perfectamente al personaje: un luarqués-tinetense. Pero embelesado por este municipio de Tineo, desde su más tierna infancia.

Rememorar al maestro es para mí todo un orgullo, pero al mismo tiempo una obviedad, porque el público le conoce y sabe que es el perito. Aquel polifacético e incombustible funcionario que igual redactaba una carta al Sr. Gobernador, en la personal del Sr. Alcalde, como trazaba una carretera, proyectaba una escuela, un puente. O impartía cursillos y conferencias por todo el concejo y parte del Suroccidente sobre el agro asturiano.

Un enamorado de Tineo, afincado en nuestro concejo hace más de siete lustros, aunque por circunstancias de la vida ya no resida en la villa, pero a sus 100 y conduciendo su utilitario aún nos visitaba con harta frecuencia desde la capital del Principado, hasta hace poco de dos años. Porque Tineo, su Tineo del alma, sigue constituyendo el eje de sus amores.

El señor Fernández Lamuño nació en la villa de Luarca hace ahora 100 años. Hijo último de una honorable familia de clase media. Su padre, funcionario del Ministerio de Fomento, gozaba de bien acreditado y reconocido prestigio. Su madre fue una de aquellas abnegadas mujeres que criaban numerosa familia y regían un hogar.

En tal ámbito, don Julio estudió el Bachillerato en Luarca. Hizo estudios universitarios y técnicos hasta alcanzar los títulos de licenciado en Ciencias Químicas e Ingeniero Técnico Agrícola.

Muy joven aún, desde el año 1948, fue nombrado jefe de los servicios agropecuarios del concejo de Tineo. Aquí dirigió una granja experimental, fundada en 1925, cuyos estudios mejoraron notablemente los cultivos y la cabaña vacuna y porcina, tanto de Tineo como del resto del occidente asturiano.

Porque el señor Fernández Lamuño no solo era un científico-técnico, un licenciado en Química, ingeniero técnico agrónomo que analizaba la tierra, las plantas y la leche, sino también un fino espíritu sensible que se siente atraído por una imagen románica, un códice gótico, una vieja canción popular. En este aspecto el Sr. Fernández Lamuño encarna un tipo humano lleno de amplias curiosidades intelectuales, lo que resulta poco frecuente, sobre todo poco frecuente en nuestra época.

Fernández Lamuño recorrió, paso a paso, toda Asturias, especialmente la Asturias occidental, donde llegó a sus rincones más lejanos y abruptos. En los concejos ribereños del Navia y del Ibias, caminó bajo los emperrados de sus pueblos. Visitó las cuevas donde se ocultan los encantos y bebió en sus fuentes de las xanas, de la rica mitología de la Asturias suroccidental.

Hoy estos viajes resultan de suma facilidad gracias a la red de carreteras y pistas forestales, y los automóviles todoterrenos. Pero, cuando inició su carrera don Julio, había que hacerlo a lomos de caballerías, por senderos a veces cubiertos de nieve y laderas sembradas de rocallas, en cuyos parajes aúllan los lobos hambrientos. Y donde apezuñan las cabras, para llegar a brañas y caseríos donde parecía que la vida medieval se había remansado entre la cocina del char, los candiles parpadeantes y las cuadras de mullido.

Y en esos viajes, materialmente tan penosos, obtenía estadísticas, sacaba muestras de tierra, anotaba los síntomas de mejoras o degeneración de las razas vacuna, caballar o porcina, y, una vez realizada esta labor, en vez de retornar rápidamente a las comodidades de la villa, se iba a la iglesia y escudriñaba sus paredes y columnas, por si en su edificio quedaban restos de una anterior construcción románica, hojeaba los libros parroquiales, pesquisaba documentos, pedía que le cantasen antiguas canciones o le recitasen romances o le contasen tradiciones o viejos relatos sobre la francesada y las carlistadas.

Sus estudios acerca de costumbres, arte e historia son muy útiles a los que trabajan sobre estos temas. A mí y a muchos los textos de Lamuño nos sirven de fuente y de guía. Por eso se le cita reconociendo su autoridad. Verbigracia Sánchez Dragó, al ocuparse de los Vaqueiros de Alzada en su curiosa “Historia mágica de España”, dice: “Me sorprendió comprobar que la supervivencia acaso más descarnada de esta salvaje plegaria inicial se conserva precisamente entre los vaqueiros de alzada. Lo supo a través de don Julio Lamuño, técnico del Ayuntamiento de Tineo y hombre de extraordinaria erudición y viveza intelectual: uno de esos intelectuales anónimos que alimentan el fuego de nuestra cultura en concejos desolados, bibliotecas provinciales y boletines de documentación local...”.

Y el prolífico escritor tinetense don Jesús Evaristo Casariego dejó escrito: “Cuando yo evoco la estampa de Fernández Lamuño a caballo recorriendo aldeas, caleyas, bosques, visitando templos y casas solariegas, me pareció ver sobre ello la sombre tutelar de Jovellanos, que hacía eso mismo y dejó constancia de ello en sus importantísimos y amenísimo ‘Diarios’, que son tal vez el documento histórico-literario más informativo, más deleitoso, para conocer la vida real cotidiana de una época”.

En 1963, viajó a los Estados Unidos con beca y representación de la Diputación de Asturias para realizar estudios en varios estados de la Unión sobre el cultivo de prados, que es su especialidad más acusada y en la que ha obtenido importantes logros en orden al aumento de pastos, que es aumento de carne y leche, es decir, de riqueza general y puestos de trabajo. El Sr. Fernández Lamuño es miembro distinguido en la sociedad española para el cultivo de prados.

El 15 de octubre de 1986 ingresó como miembro de número del Real Instituto de Estudios Asturianos. El Ayuntamiento de Tineo ha premiado su carrera profesional y cultural, nombrándole hijo adoptivo de Tineo desde el 25 de julio de 1992, y cronista oficial por acuerdo del Ayuntamiento el 25 de marzo de 1993. Una calle de la villa de Tineo lleva su nombre. Miembro de la asociación cultural “Conde de Campomanes” y de la asociación de “Amigos del Camino de Santiago Astur-galaico del Interior”. El 22 de julio de 1999, la Peña “Los Frixuelos” de Tineo lo distinguió con el “Frixuelo de Oro” en premio a su labor profesional y a sus importantes estudios históricos sobre y para el concejo de Tineo.

En enero de 2011, la “Junta de Hosteleros de Tineo” creó un premio de reconocimiento a aquellas personas o instituciones que se hayan distinguido en su labor en beneficio del concejo de Tineo, cuyo galardón recibe el nombre de “Premio Fernández Lamuño”, precisamente tratando de inmortalizar la trayectoria de este hombre por su gran labor científica a favor del concejo de Tineo.

El 14 de julio de 2013 fue investido cofrade de honor de la “Cofradía de Amigos del Chosco de Tineo”. Recibió la indumentaria de tal nombramiento consistente en capa roja, sombrero vaqueiro y escarapela de la cofradía.

El 22 de septiembre de 2017, en el incomparable marco de la aldea de Tuña, fue galardonado en el Ara Vial. Importante accésit que entonces entregaba la Asociación de Mujeres “Cuarto de la Riera” y la Asociación Cultural de Tuña a una institución o persona física que se hubiese distinguido por alguna merced a favor de la sociedad civil organizada. Y cuya cabeza visible lo era el inolvidable don José Manuel Bouzas Conde (q.e.p.d.).

Ha sido corresponsal del diario LA NUEVA ESPAÑA en la década de los años sesenta del pasado siglo. Colaborador de la Gran Enciclopedia Asturiana y de la Enciclopedia del Paisaje de Asturias.

De su amplísima bibliografía se podrían destacar los títulos siguientes: “Tineo, recuerdo de una región”, “El monasterio de Santa María la Real de Obona”, “Cultivos tradicionales e industriales rurales en el occidente asturiano”, “Tineo, villa y concejo”, “Pastos de altura en el Occidente”, “Tineo y Obona en la ruta jacobea”, “La ruta de los monasterios”, “Nuestros templos parroquiales”, “Cultivos tradicionales del Occidente”, “Crónicas de Tineo”, “Historia de la Granja Agrícola de Tineo”, “Tineo: escuelas y enseñanza primaria en los siglos XIX y XX”, “Tineo, capillas, ermitas, oratorios y santuarios”.

Y su último trabajo, “Informe sobre los concejos de Ibias y Degaña (1958)”, editado por el Ayuntamiento de Ibias y financiado por el Grupo de Desarrollo Rural Alto Narcea Muniellos, y de cuyo informe se cumplen este año los 57 años, realizado por don Julio a instancia de la Diputación Provincial de Oviedo. Informe que llevaba implícito el desplazarse a Ibias y Degaña dos o tres meses, encarcelado entre aquellos riscos. En la presentación del volumen deja anotado don José Ron Tejedo, arqueólogo ibiense y cuya edición corrió a su cargo:

“El informe, minucioso y con gran detalle, analiza los diferentes sectores con posibilidades de mejoras inmediatas en los dos municipios. Se aborda el estudio de la agricultura, la ganadería, los montes, la minería, la caza y la pesca, el turismo, las comunicaciones, el comercio, la vivienda o la enseñanza, y también otros aspectos que tienen más relación con la antropología como las plantas medicinales o las supersticiones. Asimismo, se analiza el estado de las fuentes y lavaderos, escuelas, luz eléctrica, comunicaciones, capillas, iglesias, cementerios, y otros aspectos de interés particular que presentaba cada uno de los ochenta y cinco pueblos comprendidos en los dos municipios. Y, todo ello, acompañado de fotografías que complementan el texto”.

Esta brevísima semblanza del ilustre maestro nos adentra en el amor inmenso que este hombre profesa al concejo de Tineo y sus gentes. Y solo queda el inmarcesible agradecimiento de los que hemos sido (lo somos) sus discípulos, cuando en emocionantes viajes a su lado por tantos lugares cuánto hemos aprendido de labios de esta persona sabia, discreta y prudente.

El concejo de Tineo siempre tendrá una deuda impagable con este hombre. El Sr. Alcalde cumple puntualmente con sus efemérides. Y en el presente año con la entrega de una cariñosa placa conmemorativa de su centenario.

Para don Julio el primer tinetense siempre es el primer edil. Nunca atiende a su credo gubernativo o convicciones políticas. ¡Cuánto tenemos que aprender de este gran prócer!

Hace poco más de un mes, en compañía de D.ª Ana Belén Menéndez Parrondo, profesora de Filología Inglesa en el IES de Tineo, que deseaba conocerlo personalmente e inquirir ciertos datos sobre la desaparecida Granja Agropecuaria de Tineo, para la publicación que en esta institución están llevando a cabo “Vientos de Tineo”, y de su hermano Fran, tuvimos ocasión de departir una larga tarde a su lado, llena de sapiencia. Con ágape incluido, al que Lamuño se adelantó diciendo: “Vamos a txantar a un restaurante de Tineo, Casa Marmío, porque hay que dar el dinero a los hosteleros de nuestro pueblo...”.

Felicidades, Maestro.

(1) “Tineo y la vaqueirada. Cultura y tradición vaqueira en el concejo de Tineo”, conferencia pronunciada en la Casa de Cultura de Luarca el día 28 de julio de 2000. Opúsculo editado el 25 de julio de 2015. Impreso en Gráficas Walfer.

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