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Que la reflexión de la mente gane al corazón

7 de Febrero del 2020 - José Luis Sancho Sánchez (Zaragoza)

Mi afición a la lectura produce gran cantidad de reflexión a un cerebro que debe luchar por superar las inquietudes sin el tiempo y la calma que el pensamiento requiere, entre las prisas y agobios de esta generación que no busca respuestas. De modo que, a menudo, me despierto circulando con el piloto automático y la mente sustraída de la realidad para poder parir lo que pueda parecerse a una criatura normal. Yo me imagino que este fenómeno os resultará familiar a los que nacisteis en la primera mitad del siglo pasado y seguramente a los que habéis usado la mente a toda pastilla seáis del siglo que sea.

No parece que la reflexión, con su tiempo necesario y prudencial, tenga rango de presidencia en las cuestiones vitales de los estamentos públicos, ni que esté presente en la vida pública, en las manifestaciones públicas, ni en las trastiendas del poder público. Hay demasiado deseo combatiendo la mente, y el deseo no suele relacionarse con el bien ajeno, sino con el propio. Esto deja heridas abiertas y un poso de mal ejemplo a las nuevas generaciones. Por si fuera poco, las nuevas expresiones, lejos de contribuir a aclarar el panorama, añaden confusión. Parental o imparental –ya no sé–, otro vagón que añadir al tren sobrecargado de expedientes abiertos sin capítulo final, camino de la vía muerta donde ya hay aparcados demasiados trenes.

¿Alguien tiene una idea, aunque no sea pública, aunque sea humilde, aunque no sea popular pero que pueda ayudar, al menos a quien quiera recuperar la convivencia humana con sentido humano? Me encuentro con esta frase en el libro que tengo en las manos: “Ten cuidado con las falsas ilusiones, a veces crean sentimientos verdaderos”. ¡Toma ya!, ¿no será al revés?: ten cuidado con los sentimientos que crean falsas ilusiones... ¿no? Bueno, para no acabar hecho un lío voy a mi libro de cabecera: “Los pensamientos del corazón del hombre son como aguas profundas, pero el hombre discernidor sabe sacarlos” (Proverbios 20:5). No será fácil, pero esa es la respuesta. Discernir, distinguir con acierto entre la verdad y el deseo del corazón.

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