¡Jiménez Losantos a veces no!
Pues así lo pienso: a veces no tiene razón, según mi opinión y según qué temas.
Del que me ocupo hoy, es del derecho de los padres a educar a sus hijos y, por tanto, ser los responsables de que adquieran una formación ética y moral, de acuerdo, a los principios que estos consideren más idóneos para su formación integral.
Con cierta ironía, se refiere el periodista al “pin parental”, que no deja de ser una definición más o menos acertada de lo que en el fondo se trata de evitar. Y es, ni más ni menos, que la pretensión lógica de “vigilar” de alguna manera que en las escuelas o institutos (públicos o privados) no se dé la paradoja de que se les esté “formando” contrariamente a los que sus progenitores quieren.
Es una realidad que los niños y los adolescentes pasan el mayor tiempo del día fuera del entorno familiar, en sus obligaciones de estudio. Por ello, las familias preocupadas –y ocupadas– tratan de poner todos los medios para que los centros escolares sean –en las cuestiones éticas, morales o religiosas– una continuidad del entorno familiar respecto de la educación que se transmite en los hogares.
Federico toma este asunto por la parte más endeble su formulación: “la polémica sobre una forma de ejercer este control”. Y como bien sea por la mala “definición” del medio a utilizar... bien por la exageración intencionada del mismo, sus críticas suelen ser más de “ideologías” (partidistas), dada la coyuntura política actual, que lo que de realidad tienen. Él, F. J. Losantos, ya no tiene hijos en edad “escolar” y debe de pensar que esta solicitud paterna y materna es un “invento” nuevo. Lo será, tal vez, su definición “pin” o “pan”, como sarcásticamente él lo define, pero la verdad, y la realidad, es que esta preocupación lleva años siendo una constante, que no ha disminuido con el tiempo, sino que se ha agudizado con el paso de este, a lo que se va añadiendo las nuevas políticas educativas, carentes de valores trascendentes, y que no consideran a la persona en toda su integridad (material y espiritual), sino solamente una parte de ella, que siempre es más acorde con la visión “materialista” del ser humano.
Si el Sr. Losantos no ve, no sabe o no le consta que la juventud –mejor ya desde la adolescencia– se encuentra en una desviación moral preocupante, ¿es que no ve o no quiere ver la realidad? Si desconoce que en los institutos andaluces se dan casos de protestas a la dirección de niñas adolescentes por la falta de preservativos en los centros, es que desconoce lo que sí conocen los padres de estos alumnos.
Si no quiere enterarse del tipo de educación sexual y moral que se imparte desde la escuela –algo que pudiera parecer hasta lógico, ya que él como padre, ha pasado esa época tan crítica de la formación–. Lo que no parece serio y no puede obviar son los resultados que hoy vemos, y que no puede dejar de reconocer, que son verdaderamente preocupantes. La deformación ética y moral, la ausencia total de responsabilidad de los actos y el poco análisis que se hace de sus consecuencias antes de realizarlos conllevan muchas lágrimas a las familias y a quienes con tan poco criterio los llevan a cabo.
Por estas razones, y muchas más, yo no estoy de acuerdo con sus “pláticas” mañaneras, que debieran de ser mucho más racionales que ideológicas y mucho más respetuosas con muchos de sus oyentes. Y este es uno de los casos en los que un servidor pone su receptor en off; no estará de más que quienes así pensemos lo hagamos cuando el tema es el que, al menos, a mí me preocupa.
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