Pin, pan, pum parental o la ceremonia de la confusión
Comenzamos el año nuevo con una cantidad ingente de manifestaciones de ministras, opiniones en tertulias, discusiones en foros de ocio y, en general, diversidad de "dimes y diretes" en torno al denominado "pin parental". Pero lo más curioso del caso es que la esencia del mismo existe desde siempre; porque el denominado actualmente como "pin parental", en esencia, no es más que la autorización expresa que las familias deben dar a aquellas enseñanzas no regladas e impartidas por personal ajeno a los centros, es decir, charlas, conferencias, talleres.... En los centros escolares siempre se solicitó de las familias el consentimiento para que sus hijos asistiesen a este tipo de actividades patrocinadas por organismos públicos o privados. Procuraré explicarlo con claridad para los no iniciados.
Al comienzo de cada curso escolar los equipos pedagógicos tienen la obligación de confeccionar la programación general anual (PGA), que es el documento en el que se establecen, entre otras muchas cosas, las actividades complementarias y extraescolares de cada curso (visitas a museos, acuario, viajes de estudios, semana de la nieve...) y otras que son habituales de cada centro (magüestu, Navidad, concurso literario, jornada de convivencia...). Este documento se envía a la Consejería para su aprobación después de ser aprobado por claustro y consejo escolar. Ninguna actividad que no esté incluida en él se puede llevar a cabo. Es revisado en febrero para seguir su desarrollo y en esta fecha es susceptible de modificaciones, bien porque se desee incluir alguna nueva actividad o para suprimir alguna que, por circunstancias varias, no se haya podido llevar a efecto.
¿Dónde encajan las charlas, conferencias, talleres y otras actividades que ayuntamientos, ONG variadas y demás colectivos desean impartir en los centros escolares o fuera de ellos en horario lectivo?
Pueden llevarse a cabo porque en la PGA se suele añadir una coletilla que indique que: "El centro también participará en aquellas actividades que organismos públicos o privados de la localidad o concejo programen a tal efecto". Por eso es habitual que los ayuntamientos programen jornadas de teatro, música, títeres... y otros organismos como Unicef, Cruz Roja... programen actividades; también suelen hacerlo asociaciones (amigos de la manzana, de la música...) para que asistan los escolares de los centros del concejo. Pero para que el alumnado pueda asistir es obligatorio informar a las familias y que estas, por medio de un documento escrito, firmen la autorización de la asistencia. Si alguna familia se opone a la realización de la actividad indicada, sus hijos no participarán en la misma. Esta premisa no debe cambiar nunca y, aunque las familias confíen en el buen criterio de equipos directivos y docentes, en la selección de actividades para sus hijos tienen el derecho inalienable de ser informados sobre cualquier cambio que se produzca en el horario habitual de sus hijos y de autorizar la asistencia a cualquier actividad no curricular que se haya programado en el centro.
Después de decenios programando actividades complementarias y extraescolares y siguiendo la premisa indicada de la información y autorización de las familias, no comprendo la polémica suscitada. La enseñanza es obligatoria en Primaria y Secundaria Obligatoria, pero para la asistencia a las clases regladas (Matemáticas, Historia, Conocimiento del Medio...). "Las actividades complementarias y extraescolares, las charlas, talleres... son voluntarias" y es obligatorio solicitar de las familias el pertinente permiso de asistencia.
En cierta ocasión, y como consecuencia de la cantidad de actividades que llegan a los centros escolares de todo tipo de organismos solicitando la participación del centro en todas estas actividades, el director comentó al jefe de estudios: "Si programas un poco curioso todas estas actividades en un trimestre no pegamos golpe". Todo el mundo oye en la TV y otros medios de comunicación frases como: "Eso debe aprenderse en la escuela", y da lo mismo que se trate de educación vial, que de primeros auxilios, que de educación sexual, que de economía doméstica, que de sindicalismo... Todo para la escuela, y no se dan cuenta de que el horario (25 horas semanales) está pensado para las enseñanzas regladas. Las otras enseñanzas, aunque importantes, no pueden ser asumidas por la escuela. Si todo se aprende en la escuela, ¿qué dejamos para los institutos, las universidades y la vida?
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