Irlanda

11 de Febrero del 2020 - Marcelo Noboa Fiallo (Gijón)

La Irlanda del siglo XXI nada tiene que ver con la Irlanda del siglo XX. La primera vez que me aproximé a la historia triste de esta isla mágica fue a través de la película "Las cenizas de Ángela" (1999). Era el retrato de una Irlanda miserable (la más pobre de Europa) que cargaba sobre sus espaldas dos "maldiciones": la pobreza extrema y la religión. La segunda fue la más perniciosa, no solo porque garantizaba el mantenimiento de la población en la miseria y en la ignorancia, ante los poderosos, sino porque posibilitó, entre otras cosas, sus abominables abusos y crímenes sexuales, como en ninguna otra parte del mundo. 35.000 niños sufrieron las atrocidades de miembros de la Iglesia entre los años cincuenta y ochenta del pasado siglo. Dos memorables películas recuerdan el horror: "Los niños de San Judas" (2003) y "Las hermanas de la Magdalena" (2002), entre otras.

De todas estas aberraciones y miserias los irlandeses se han ido liberando de una manera admirable. Si Azaña dijo en 1931: "España ha dejado de ser católica", como declaración de principios, el pueblo irlandés se ha dicho a sí mismo, con los hechos: En mayo del 2015, se convirtió en el primer país del mundo en aprobar mediante referéndum popular y con el 62% de apoyos el matrimonio de personas del mismo sexo (para horror de la Iglesia). Tres años más tarde, culminó su modernización social y mandó un mensaje al mundo al aprobar, con un inapelable 65%, la legalización del aborto. El último tabú había caído y la injerencia de la Iglesia quedaba para los libros de Historia.

En 2008, la banca irlandesa, siguiendo la estela del capitalismo sin escrúpulos nacido en los EE UU, hizo "crak" y los europeos, con nuestros impuestos, acudimos a su rescate. Doce años más tarde, Irlanda crece más que la media europea, goza de pleno empleo y, para irritación de los británicos, supera a estos en renta y el PIB por habitante es el doble que el de sus antaño y prepotentes dominadores.

Las últimas elecciones han dado la puntilla a la Irlanda "acomplejada" del siglo XX. El Sinn Fein ha dinamitado democráticamente el bipartidismo. Durante todo el siglo XX (desde la liberación inglesa), el Fianna Fáil y el Fanna Gaeil ("tanto monta, monta tanto") se han repartido el poder, olvidándose de las clases populares, de la sanidad, vivienda y servicios sociales. El Sinn Fein lo ha tomado como bandera y los irlandeses, a pesar de la miserable campaña electoral de la derecha, con imágenes de atentados terroristas del IRA y acusaciones de asesinos (¿les suena lo del PP y ETA en España), le han dado su apoyo.

El pueblo irlandés ha cambiado tanto que ni los propios dirigentes del Sinn Fein se lo creían, lo que les ha perjudicado a la hora del reparto de escaños. No presentaron candidaturas en todos los distritos y han ganado en territorios no soñados por ellos. Han ganado en Tipperary!!!... "It's a long... long way to Tipperary...", dice una canción popular, y el Sinn Fein ha llegado antes de lo esperado. Mary Lou McDonald tendrá que espabilar. Las negociaciones para formar gobierno serán duras y complejas, pero Irlanda felizmente ya es otra porque, como dice el eslogan de campaña del Sinn Fein..."Tiocfaidh ár lá" ("Nuestro día llegará").

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