¡No hay derecho!
La familia, las amistades de Cristina, miles de personas, salimos a la calle a gritar: ¡No hay derecho! Han pasado veinte años desde la canallada de un ¿hombre? capaz de cometer una de las mayores atrocidades que hemos conocido.
Fue condenado por intentar violar a su víctima y enseñarse contra ella con una brutalidad desmedida. Veinticinco años de cárcel por los hechos probados de arrancarle los ojos y ponerla en las vías para que el tren completara su sangriento trabajo; un vigilante de seguridad consiguió salvar la vida de nuestra amiga.
Ahora, el entorno familiar de Fernando, aprendiz de asesino, se queja de que "nadie pasa tanto tiempo por dos delitos en grado de tentativa". Su padre se pregunta en la prensa cuándo verá cumplida su condena; debería reflexionar sobre por cuánto tiempo está penada su inocente víctima. Ella está condenada a la ceguera no por unos lustros, sino para siempre; jamás podrá "pasar página" y olvidar aquel crimen, como parece desear el agresor.
Que a él y a su entorno no se le olvide que la ceguera de Cristina es permanente; quienes la queremos no lo vamos a olvidar jamás. Y por ella, y por todas las víctimas de violencia de género, seguiremos gritando: ¡No hay derecho!
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