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Libertad, derechos, vida y la de los demás

12 de Febrero del 2020 - José Viñas García (Oviedo)

Todo está enlazado, nuestra libertad y nuestros derechos chocan de frente con los de enfrente (con los demás) si es que no sabemos poner límite a nuestra depredación egoísta.

Muchos de ustedes aman (en demasía, diría yo, de mala manera) a sus mascotas, ¿por qué no les dan libertad? ¿¡Se irían verdad!? Lo cual deja claro que ustedes maltratan a sus mascotas, en su mayoría se irían de su lado y no volverían.

Otra contradicción de nuestro tiempo, la defensa de animales; no es más que un maltrato encubierto y consentido por nuestros reguladores. El colmo del mismo fue este día de atrás en Madrid, los dueños de galgos llevándolos a todos atados, pidiendo que no se los use en la caza. Cuando el galgo está conformado para correr y perseguir, así se siente feliz, al menos mucho más que recibiendo besos de un dueño/a baboso/a que lo encarcela en un quinto piso. ¿No vivirán más felices esos cuatro años de vida correteando por el campo que sufrirlos a ustedes entre cuatro paredes?

Otra manera de sentirnos libres es ir a la moda, se lleva la muerte digna, llaman así a ayudar a morir a las personas; simple y llanamente son envenenadas por aquellos que pagamos para sanarnos, los mismos que su código deontológico entra de lleno en contraposición con esta práctica, algo así convierte a nuestros profesionales en verdugos de nuestro tiempo. Una contradicción tremendamente peligrosa. Si bien es cierto que para algunos supuestos extremadamente graves debiéramos considerarla, despenalizarla sin esos matices extremos es abrir la puerta de la depravación humana.

Hablando de los derechos y libertades, algo que tanto está de moda, en esa libertad y esos derechos no entra jamás ese "Hacer lo que les dé la gana". Enfrente tienen la convivencia y los derechos de los demás, que, muchas veces chocan, coartan y ponen límite a nuestros deseos imaginarios de "todo el mundo es mío"

Para reclamar nuestros derechos y libertades, tenemos que empezar por aplicarnos unas simples pautas: respeto y consideración para con los demás, con el entorno, con las normas establecidas, y deberes que se nos imponen en forma de restricciones, comportamientos y participación. Si ustedes cumplen esto, y se sienten agraviados, ofendidos o maltratados, es cuando deben denunciar, exigir esas cuotas de libertad y de derechos que les pertenecen.

Qué decir de otra moda: disfrutar de la vida íntima de los demás. Programas que sacan lo peor del ser humano, los encierran por parejas con la única intención de que entre todos se entremezclen sexual y sentimentalmente, donde unos sufren y otros también (son jóvenes maleables y manipulables), todo ello adornado y dirigido para disfrute de los demás. ¿Qué libertad es esa? Si no respetamos las intimidades y las relaciones personales, ya nada nos queda por denigrar. Además, qué miserable e infeliz debe de ser la vida personal de todas esas personas (mujeres y hombres) que disfrutan con las intimidades y miserias amorosas de otros. No estamos hablando de una obra de teatro, la ficción es "la realidad" de unos jóvenes que por un dinero son capaces de menospreciarse a sí mismos delante de todos, incluidos sus padres.

Por eso, esa ley de educación consensuada es necesaria y muy urgente. No hay por qué pensar que nuestra ley sería la mejor, de todas las ideologías se puede entresacar y aceptar argumentos, normas y completar una asignatura que convierta a "pelagatos-as descarados y manipulables" en hombres y mujeres en condiciones que sepan en todo momento ser dueños de su mente y cuerpo. Ganaríamos todos.

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