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Eutanasia: la alegría de morir

13 de Febrero del 2020 - José Viñas García (Oviedo)

Otra manera de sentirnos libres, regeneradores y jóvenes con osadía es ir a la moda, se lleva la muerte digna. Los jóvenes, como ven lejana esa posibilidad (sanos, robustos y con mando en plaza sin merecimiento alguno) son los primeros en apuntarse a ese mañana que vislumbran alejado, pero su salvoconducto será aplicado a otros; también mañana o pronto a ellos mismos.

Llaman a la eutanasia cobardemente: ayudar a morir dignamente. Cuando claramente es encomendar a quienes pagamos para sanarnos y alargarnos la vida que se conviertan en verdugos y maten a quien desea morir, o dejó escrito que así fuera llegado el caso. Lo curioso es que todos impediríamos e intentaríamos frenar los impulsos de quien deseara suicidarse, pero si lo deja escrito, tendrá el apoyo y la colaboración estelar de los mismos (médicos) cuyo código deontológico entra de lleno en contraposición con esta práctica. Algo así convertirá a nuestros profesionales en verdugos de nuestro tiempo. Una contradicción tremendamente peligrosa. Si bien es cierto que, para ciertos supuestos extremadamente graves, debiéramos considerarla sin problemas. Despenalizarla sin esos matices extremos es abrir la puerta de la depravación humana.

Solo cinco países tienen la eutanasia legal (casi todos ellos de segundo nivel); luego, algún otro Estado tiene lo que llaman suicidio asistido. Lo cual, España pasa a formar parte del pelotón de los torpes.

La medicina tiene que estar al servicio de la vida y de sanar; jamás para matar. Salvo, como hemos dicho, en esos supuestos extremadamente insalvables que, después de estudiados por profesionales, por consideración y sin alternativa posible a mejor vida, se decida entre todos despenalizar este único supuesto. Abrir la caja de pandora a más es adentrarnos en lo que estamos metidos (ya que se aprobó en nuestro país), el llamar muerte digna a morir envenenado.

Muchos alegan que esta ley no obliga a nadie, es cierto; pero convierte a los mismos profesionales que estudiaron y se prepararon para dar vida en cómplices y verdugos para matar. Suena fuerte, pensaba poner ayudar a morir, pero no es así, su colaboración es "sine qua non" para que esa muerte se lleve a buen término.

No soy de moralinas cortas, pero esta despenalización es preocupante. La mente y el cuerpo humanos son de costumbres, reacios a las innovaciones, pero cuando están en marcha un tiempo, ya nos parecen asumibles y nada punibles. Nos acostumbraremos a que cuando alguien nos parece que no tiene solución, si en su día dejó escrito que se le aplique la "muerte digna", qué mejor que la solución rápida y menos costosa. También las administraciones, por cuestiones obvias, dejarán de seguir investigando e intentando superar retos que, por cierto, muchas personas con los mismos problemas que otros superaron para asombro de propios y extraños. Ahora, ya no; todo tiene un final más cómodo, asequible y rápido si está refrendado por adelantado y autorizado por el interesado.

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