Hay que preservar el alma en un mundo que la está perdiendo
Puede que tenga un punto de egoísmo en mi deseo de que todo el mundo alcance la paz y la justicia, y hasta me tapo los ojos para no ver que eso es un imposible, primero porque por ley natural se siega lo que se siembra, y aún en el plano individual, muchas veces sembramos lo que no debemos, y donde no debemos, algunas veces sin darnos cuenta y otras llevados de un mal momento. Aun así, con nuestros errores humanos, cabe un resultado, un porcentaje razonable en las posibilidades de vivir la vida con dignidad si reconocemos que se aprende del error y... rectificamos.
Reconocer es el principio que gobierna la humildad, y la humildad podría rescatarnos del terrible futuro que se está sembrando. En la medida en que la conciencia nos rectifica, también nos hace más sabios y valiosos para vivir la vida, propia y ajena, con un grado de satisfacción aceptable, pero... en segundo lugar -y ese es el más triste-, en nuestra actualidad hay ya demasiada gente que solo es feliz jorobando la convivencia, o incluso atacándola. Alguna de esta gente parece haber nacido solo para sembrar el mal, el mal que otros tendrán que segar sin haberlo plantado. Por si fuera poco, se están instalando nuevos modos de gobierno o de dominio en este mundo, que favorecen la injusticia. Si esos poderes lo requieren, se cambiará la ley civil y la moral, lo que haga falta, y así la sociedad se precipitará en un cambio definitivo.
Para aquellos que se propongan mantener sus principios pase lo que pase, va este consuelo: "Jehová, ¿quién será huésped en tu tienda?, ¿quien residirá en tu santa montaña? El que anda en integridad y hace justicia; el que habla verdad en su corazón; el que no calumnia con su lengua ni hace mal a su prójimo, ni admite injuria alguna contra la reputación de sus amigos. A sus ojos el despreciable es rechazado, pero honra a los que temen a Jehová; el que no deja de cumplir lo que promete aunque salga perjudicado; quien su dinero no dio a usura ni contra el inocente admitió soborno. A quien actúa así, nunca se le hará tambalear". (Salmo 15)
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