1984-2020

18 de Febrero del 2020 - Julio L. Bueno de las Heras (Oviedo)

Estos tiempos ominosos, en los que se está produciendo un flagrante y escandaloso desequilibrio entre las facultades y poderes de un Estado enfermo, cuando nuestras instituciones muestran dependencias o fragilidades inesperadamente sobrevenidas, torpe e imprudentemente soslayadas o ladinamente programadas, y cuando nuestra legislación -con su prolijo engolamiento y farragosidad formal mal disimula sus debilidades y mal previene maniobras, apaños, burlas, encerronas, cortocircuitos y marrullerías que superan con creces el legítimo arte de la ingeniería del Derecho-, cuando todo parece ir tomando el color de una ratonera y el hedor de un vertedero... En fin, en tiempos nada propicios para excesos de heroicidad al modo clásico, cuando los más decepcionados y pesimistas comenzamos a lamentar el no tener menos canas y más recursos para poner pie en pared o tierra de por medio, resulta una reconstituyente y euforizante inyección de moral leer lo que destacados juristas como Punset, Bastida, Villaverde, Presno y Roca de Agapito, con ópticas distintas pero concordantes y complementarias, nos dicen, magistral, paciente y tranquilizadoramente desde las páginas de LNE, refiriéndose a uno más de los proyectos normativos -pura mordaza sectaria y maniquea a la libertad de expresión- con los que este gobierno parece empeñado en acelerar el cumplimiento de todas esas profecías orwellianas que, durante un guadiana de años, nos parecieron espeluznante sociología-ficción.

Cuando -como esas atolondradas cuadrillas que, ya a media tarde del viernes, se lanzan enfebrecidas sobre un fin de semana que se les antoja apremiante y prometedor, pletórico de posibilidades y desnudo de cortapisas- uno de los poderes del Estado parece deslizarse desinhibidamente a todo tipo de ensoñaciones, obsesiones, querencias, complejos, vindicaciones, fobias y machadas -¿sabe usted quién manda aquí, eh bonita/o?... ¡Pues eso! (Moncloa locuta, causa finita)-, cuando cualquier contradiós parece no solo posible sino plausible, es tranquilizador saber por boca experta -los Cielos quieran que realista más que optimista- que la maquinaria del Estado existe, que se la espera y que puede funcionar, y funcionar bien, sobre todo si la gente sensata ejerce también de resolutiva, insobornable, valiente y responsable. Como necesario y obligado contrapeso intelectual y factual que son al totalitarismo de cualquier color.

Muchas gracias, doctos juristas, respetables compañeros de claustro. Sigan ustedes desempeñando eficientemente tan meridiano magisterio. No bajen la guardia. Por la cuenta que nos tiene a todos.

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