Tiempo de mimosas
La primavera, esa estación a la que tanto cantaran los poetas, ya está a la vuelta de la esquina. Nos lo anuncian cada año las flores amarillas de nuestras entrañables mimosas. Estos preciosos árboles de hoja perenne que salpican el paisaje de nuestros pueblos y de nuestros parques son los primeros en alertarnos de que la primavera está a punto de llegar. La mimosa debería ser declarada un bien de interés cultural, pues no hay ningún meteorólogo que les supere en anunciarnos que los días ya son más largos, que los fríos ya no son tan intensos. Ellas, las mimosas, son las primeras en poner color y olor a la nueva estación que se nos avecina. Recuerdo que los ribereños aficionados a la pesca siempre tienen como referencia a las mimosas floridas para su reencuentro con la pesca del salmón. Ellas, las mimosas, han sido declaradas hace años como planta invasora en nuestra comunidad autónoma, desconozco si la medida se ha llevado a la práctica o no; lo que sí sé es que mi mimosa, un año más, ha sido fiel con su manto amarillo, llenando de olor mi antojana. Este preludio primaveral, aunque oficialmente nos encontremos en pleno invierno, lo completan también algunos árboles frutales, tales como ciruelos y melocotoneros, que ya dejan asomar sus primeras flores. Quizás el cambio climático, del que tanto se habla, tenga algo que ver en esto de que los árboles se hayan vuelto tan madrugadores.
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