Conciliación con la Uni
Todo cambia con el tiempo y en ocasiones se ven los errores de discernimiento del pasado, pero en otras continúa el empecinamiento.
Desde que los Jesuitas dejaron de regir la Universidad Laboral de Gijón (la Uni), y no necesariamente por ese motivo, todo fue cambiando. Poco antes, autobuses especiales la llenaban todas las tardes de cursillistas. Asistían a cursillos para profesionales dentro de la denominada Formación Profesional Permanente. El nivel de los cursillos era excelente, y no era de extrañar, pues en la Uni se cursaban estudios de Ingeniería Técnica, examinándose luego por libre sus alumnos en la EUITI, aprobándolo todo. En esa época, era posible soñar un futuro de grandes posibilidades para la Uni. Personalmente, siempre pensé que esas posibilidades estaban ligadas a las estrategias de la formación permanente de postgrados, al desarrollo industrial de Asturias y a la Universidad de Oviedo. Pero nadie asumió tales retos y estrategias, porque nuestro discernimiento no llegó a eso. Sí llegó a considerar que, habiendo sido un tinglado franquista, mejor se hubieran hecho veinte de plástico que no una de piedra. Sin embargo, en este sentido, nunca nada se dijo de Hunosa: tinglado franquista creado ante la bajada de la demanda de carbón autóctono y la llegada de importaciones más económicas de carbón piedra. Ese sueño sí que se mantuvo al considerarlo estratégico.
Vivimos inmersos en una supuesta corrección política que nos impide la conciliación con la Uni para poder soñarla. En todos estos años nos faltó arrepentimiento, autocrítica, culpa, perdón y la búsqueda de una verdad útil. Cuando se quiso utilizar, rasgaron su fachada norte y, pretendiendo empequeñecerla, destrozaron su impacto visual. Maltratada de esa guisa, se la repartieron echándosela a suertes entre muchos sin coherencia alguna. Pero, aun con esas, la dejaron invadida de maleza allí donde antes había jardines (símbolo imagen bien visible para las visitas). Ahora nosotros vemos cómo somos ninguneados en tantas cosas por tantos a diario, mientras las comunidades vecinas prosperan. Después de tanta mofa y oprobio, ahora que se descubren problemas estructurales que es preciso subsanar, queremos que se la reconozca como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Mérito no le falta para que la Humanidad la cuide, sobre todo después de nuestra historia de deshumanización para con ella, al someterla a macroconciertos en su patio que hacen vibrar paredes y estructuras, y, más aun, una cúpula elíptica diseñada para ser receptora acústica.
¿Seremos capaces de establecer una contracultura que la salve y nos salve a nosotros conciliándonos con ella?
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