¿Dónde está nuestra esperanza?
Menandro de Atenas, quien escribió “El misántropo”, dijo: “En la adversidad una persona es salvada por la esperanza”. La pregunta es: ¿la esperanza en qué? Si la adversidad acaece a una situación personal, la esperanza puede estar en el dinero y hasta fluir de la imaginación; pero si la esperanza es ya una necesidad global, hay que desoír la musiquilla de propaganda engañosa de siempre: esa que interpreta el positivismo como positivo o la dejadez como acto de fe, para seguir adormeciendo las conciencias y retrasar la reacción natural contra la catástrofe o hacia la regeneración. ¿Nos estamos dando cuenta de hacia dónde vamos?
Echemos un vistazo: la deforestación está disminuyendo la capacidad del planeta para absorber el dióxido de carbono, creando condiciones climáticas cada vez más extremas; el uso indiscriminado de pesticidas destruye poblaciones enteras de insectos que cumplen funciones tan esenciales como la polinización de las cosechas; la pesca excesiva y la contaminación están diezmando los peces en los ríos y los mares; la explotación desmedida de los recursos naturales está acelerando el calentamiento global y dejando sin reservas a las próximas generaciones, cuando el hambre afecta ya a ochocientos quince millones de personas. Podemos seguir con la guerra y los setenta millones de refugiados, la corrupción, la violencia, ahora ya de todo tipo imaginable, la inestabilidad política y social sin precedentes, el desarraigo de la moralidad, etcétera.
Ante esto, ¿qué esperanza es posible? Que el gobierno de Dios venga al rescate. “Y en los días de aquellos reyes el Dios del cielo establecerá un reino que nunca será reducido a ruinas. Y el reino mismo no será pasado a ningún otro pueblo. Triturará y pondrá fin a todos estos reinos, y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos” (Daniel 2:44). Esta sí es una “esperanza como ancla del alma” (Hebreos 6:19). Dios espera que le pidamos su gobierno, si es que estamos de acuerdo con su justicia, sabiduría y amor. “Padre nuestro... venga a nosotros tu Reino y hágase tu voluntad en la Tierra”.
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