Este 14 de febrero más cerca de ti, en El Salao
Unos aplausos dan paso a los primeros sonidos de un piano con los que el artista comienza una conocida melodía...
Acababa de llegar al local elegido para nuestra cita y una joven rebosante de simpatía me dirigía a la mesa indicada para tal fin. Sentado frente a una de las puertas de entrada al establecimiento ralentizaba la espera saboreando una cerveza que le había solicitado, apoyado en el cristal que protegía la madera de su estructura. En la música de su cabeza empezaba a sonar “California Blue” cuando ella apareció, esbozando una radiante sonrisa. ¡Estaba guapísima!, suspiraba él, que, sin percatarse al ir en su busca, casi tira el contenido de la botella por su camisa... ¡Uff, por los pelos!
Dos besos de bienvenida y la acompañó mostrándole el lugar escogido. Una vez más aquella jovencita volvió para interesarse por la nueva invitada preguntando por una posible bebida antes de la cena. Ella, encantadora, declinó la oferta con una sonrisa magnética. Lionel Richie empezaba a cantar “Say you...” en la atmósfera que los separaba frente a frente.
La carta esperaba en la mesa y también el menú especial de aquella noche dedicada con un encabezamiento tan llamativo como “Para enamorarse”.
“One more try” exploraba el silencio cuando aparecieron en la mesa los “crepes rellenos de salpicón de marisco”. Deliciosos.
Whitney nos endulzaba el momento del “tartar de atún con guacamole”. ¡Espléndido!
Cuando en la retina de la memoria recordábamos a Rose y a Jack en la proa de aquel malogrado buque, llegaba a golpe de remo la “Sensación del mar” indicada en la carta: “Merluza a la cazuela con almejas y langostinos”. Fruto de los dioses.
La noche se había adueñado por completo del entorno. Aquella a la que le preguntaba Jennifer Rush en su canción, cuando la luna se asomaba a través de los ventanales amplios del restaurante. Un espacio donde sus retinas parecieron juntarse complacientes, parecía ser la simbiosis perfecta al siguiente enunciado de la velada: “Duelo de miradas”. Dos manos y una sonrisa les traían el “cortante de limón”. Refrescante interludio.
Como una ola el amor creció, parafraseando la recordada melodía de la más grande (Rocío), mientras el siguiente enunciado los transportaba al “Placer de la carne”. En la mesa aparecía un “solomillo montadito en dos salsas”. ¡Qué rico!
La dulce voz de Jeannette “comenzando a vivir” los llevó, poco a poco, a buscar entra las pausas de algún bocado a juntar sus manos como seña de complicidad.
Tras un ratito de buena degustación se aproximaba el momento de la “Dulce pasión”. Un goloso postre delicadamente preparado, denominado “Del amor”, desembocó en los inocentes sentidos y en los altavoces del corazón Juan Pardo recitaba susurrando “Amar después de amar”.
Momentos de brindis con el rojo néctar riojano por todo aquello que estaba aconteciendo y los mejores momentos que, seguro, tendrían que pasar en el futuro. Bertín Osborne rogaba entre estrofa y estrofa la necesidad de una amiga, y nuestro protagonista, mirando a su pareja fijamente, pensaba: yo hace tiempo que la he encontrado, Bertín.
La velada tornaba a su fin. El agradecimiento al equipo de ese lugar reconquistado para todos denominado El Salao, con la satisfacción y la felicidad de haber disfrutado con cada uno de los aspectos que ellos han aportado. Su magia, su cocina y una dosis enorme de cariño.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

