Quintos de la Mora: hacer "piña"
A esa idílica finca toledana viajó el Gobierno de coalición a pasar un fin de semana romántico y amigable.
Pero en la opinión de algunos autores, políticos o activistas, o radicales de izquierda, “anticapi”, “alternativos” y Cía., la participación de Unidas Podemos en el Gobierno coalición -subordinada al liderazgo más fuerte del PSOE-, tal como se ha hecho, es una equivocación. Estos grupos explotan las muchas contradicciones que está acarreando a Podemos y a IU su implicación en el Ejecutivo de coalición, con tanta mezcolanza de programas y de aspiraciones.
En su exculpación podemos alegar algunas razones muy poderosas para que UP haya aceptado formar parte de la coalición gubernativa. Y es que la izquierda progresista ha visto la oportunidad de demostrar que puede gobernar y así mejorar las condiciones de vida de la gente. Y este deseo es muy válido y legítimo. Por otro lado, su presencia “real” en el Ejecutivo “puede contribuir a hacer más eficaz la parte acordada en las áreas de gobierno reservadas”.
También, la entrada en el Gobierno, tras dos intentonas malogradas, ayuda a que el PSOE pueda ir un poco más lejos de sus pretensiones electorales. Es de destacar el hecho de que la formación de un Ejecutivo coaligado hace corresponsable a todos sus asociados y disminuye la posibilidad de crítica.
Por otro lado, el programa esencial del PSOE no resuelve los verdaderos problemas económicos y ecológicos. Asimismo, las medidas sociales y económicas están hipotecadas bajo el matiz neoliberal, aunque su voluntad ejecutiva tenga apariencia compasiva.
Pero, en realidad, tampoco la izquierda -más allá del PSOE- puede, hoy día, ir muy lejos, dados los escasos 35 diputados obtenidos, con la reculada y fractura del apoyo ciudadano. Sus límites están ahí maniatando al Gobierno de coalición.
Otra razón a favor de la alianza gubernamental es que, de alguna manera, estando en el Gobierno pueden “contener” a un más que posible Gobierno de la “derechona trifachita” (PP, Cs y Vox).
Sin embargo, muchas son las voces desde el izquierdismo que les recriminan que podría haberse escogido otro camino: un acuerdo de investidura con una serie de puntos programáticos. Así conservarían su autonomía política, “apoyando todo lo que fuese positivo, pero sosteniendo un proyecto propio en el horizonte”. El gran riesgo de esa postura era lo de la “geometría variable”, que obligaría al PSOE a buscar acuerdos a derecha o izquierda. Y eso generaría un constante peligro de inestabilidad en la gestión política.
En fin, corren chorros de tinta y verborrea a tutiplén para disimular una certeza: la falta de coraje o la falta de compromiso en la izquierda. Se sigue mirando en demasía su “ombligo político”. Y siempre buscando la luna para no llegar ni a la cumbre más cercana. Invariablemente, la utopía de la izquierda, siempre dando bandazos entre la quimera y lo cabal, entre el idealismo y las propuestas políticas pragmáticas, realistas, que lleven algo de consuelo “socioeconómico” al ciudadano.
Lástima que algunos de esos ilustres idealistas prefieran estar 50 años, o más, suspirando por la utopía política antes que elaborar leyes más útiles o menos dañinas para la gente. Una luna inalcanzable y una inaceptable gestión teorizante y quijotesca. Estos grupúsculos de la izquierda no han comprendido lo que es el idealismo pragmático (o sea, el realismo pragmático político). Serán de izquierdas, pero parecen poco progresistas. Este Gobierno de coalición es inédito en nuestra democracia. Y los “virus” que le acechan y rodean, a un lado y otro del arco parlamentario, obstaculizan las soluciones, revoluciones e hitos políticos. Tanto la derecha clásica como la izquierda tradicional deben abandonar su “mentalidad cortoplacista” para combatir la inestabilidad política y socioeconómica que vive el país.
Esto no significa que se abandone la lucha. Eso nunca.
Pero los líos internos amenazan también a Podemos y a IU. Por ejemplo, grupos alternativos y “anticapi” recriminan continuamente a sus dirigentes ese acuerdo de gobierno. Ahora, los anticapitalistas de Urbán y Teresa Rodríguez se inclinan por no participar en la tercera asamblea de Podemos y plantean abandonar el partido morado. Pues que así sea si así lo desean. Quizás en el futuro puedan encontrar un proyecto de cooperación electoral con UP y otras fuerzas progresistas. Y que el añorado proyecto de transformación pendiente se cumpla.
Y es que, a pesar de estas disidencias internas, hay que resaltar que, sin el empuje de la gente organizada que busca poner un dique a la involución democrática, no habría un Gobierno de coalición. Y UP, como formación de carácter democrático y popular, cree firmemente que la participación popular es un elemento clave para el cambio político, aunque no sea ahora ni completo ni radical.
El PSOE no es contradictorio con estas demandas populares, pero las pospone de forma continua porque atiende con preferencia los intereses orgánicamente vinculados a las oligarquías centrales. No obstante, este no es el problema principal. Hoy por hoy, el PSOE es un partido dual. Y, cómo no, también andan a la gresca. Vemos las continuas peleas entre los barones sociatas, más socioliberales que socialistas, y los partidarios, ahora, de Pedro Sánchez, el sanchismo, que dicen. Las continuas zancadillas que le ponen al Gobierno de coalición (PSOE-UP) desde sus mismos partidos son acojonantes.
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