En torno a la Universidad Laboral de Gijón
Cuando crees que ya hay pocas cosas que te puedan causar asombro, llega algún acontecimiento que te demuestra que la capacidad de asombro es infinita. Me estoy refiriendo a la propuesta de que la Universidad Laboral optase a ser candidata a Patrimonio Mundial de la Unesco y que fue rechazada en un Pleno del Ayuntamiento de Gijón. Los grupos que votaron en contra lo justifican diciendo, fundamentalmente, que es un edificio construido en la época de la dictadura franquista y no se ruborizan. No me extraña que en las encuestas que hace el CIS uno de los principales problemas que vemos los españoles son los propios políticos. Parece como si viviesen en una burbuja aislada de la ciudadanía, porque si se hiciese una encuesta en Gijón saldría por abrumadora mayoría que el Ayuntamiento apoyase que la Universidad Laboral fuese candidata a Patrimonio Mundial de la Unesco, ya que repercutiría positivamente en la ciudad por varios motivos, que cualquiera con dos dedos de frente sabe cuáles son. Independientemente de la ideología política que cada uno tenga, no hay ningún motivo para oponerse a algo que redundaría en beneficio de la ciudad.
El monasterio de El Escorial fue mandado construir por el rey Felipe II, que, entre otras cosas, extendió los tribunales de la Inquisición a América Latina. El Arco de Triunfo de París fue construido en memoria de Napoleón Bonaparte, cuyo mayor mérito fue propiciar la muerte de miles de inocentes con sus ansias guerreras. La mayoría de las catedrales de España fueron construidas por la Iglesia en época de la Santa Inquisición. Las pirámides de Egipto fueron construidas con el sudor y la sangre de miles de esclavos. En el Coliseo romano se mataban los gladiadores para deleite de las clases pudientes de Roma. En las pirámides de Teotihuacán, en México, se asesinaba a personas como ofrenda a los dioses aztecas, y no sigo porque sería una lista interminable de monumentos que son Patrimonio de la Humanidad en los que se cometieron innumerables atrocidades.
Cuando se conoció el rechazo del Pleno a la candidatura de la Universidad Laboral, la mayoría de los ciudadanos no dábamos crédito a lo que estábamos escuchando, y la indignación era aún mayor entre los votantes de esos tres grupos municipales que se opusieron, entre los que me incluyo. Para acabar de rematarlo salieron la Alcaldesa y algún otro concejal en los medios de comunicación haciendo declaraciones y justificando su rechazo a la candidatura con argumentos que no se sostienen.
Ahora han tenido que recular por el gran clamor que hay en la calle en contra de tal estupidez, pero, aun así, no reconocen que el error que cometieron fue mayúsculo, sino que tiran balones fuera como pueden y buscan todo tipo de excusas para justificar el ridículo tan espantoso que cometieron. Hablan de que tiene que quedar claro que la Universidad Laboral se construyó para adoctrinar en los principios de la dictadura franquista a los hijos de los obreros, y eso es de Perogrullo. En una dictadura todo lo que se hace es con fines de adoctrinamiento, pues es una de sus señas de identidad y lo que les garantiza su supervivencia. Pero, dicho esto, en las universidades laborales no se adoctrinaba ni más ni menos que en cualquier otro centro educativo de la época, y yo bien lo sé por experiencia propia.
Estos concejales, con la Alcaldesa al frente, como muchos otros políticos, no entienden que están representando a los ciudadanos que los votaron, porque si lo entendiesen no podrían vivir tan alejados de la realidad y se preocuparían de qué es lo que piensan sus votantes, antes de tomar decisiones importantes como la que nos ocupa. Y cuando se equivocan, si tuviesen un poco de honradez, lo reconocerían claramente y podrían hacer dos cosas: o bien dimitir y dar paso a gente más capaz, o bien pronunciar la famosa frase: “Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”.
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