¿Ministerio de igualdad o feminista?
¡Mentira! Es una invención de Pedro para meter a calzador a Irene Montero. Mejor, ahora ya no se esconden, lo llaman “Ministerio feminista”.
Aceleran para aprobar no sé qué (algo así como un Ministerio feminista al servicio de la misandria institucional más meticulosa) antes del día 8 de marzo (Día de la Mujer), todo un espectáculo de “igualdad” manoseada.
La mejor igualdad es trabajar desde los ministerios por trabajo y salarios dignos, vivienda asequible y potenciar el Estado de bienestar y de derecho. El resto son pérdidas de tiempo, son puro escaparate al servicio de proclamas sin más fin que dar rienda suelta a una moda, un tropel de mujeres jóvenes en busca de atajos, cremalleras, cueles y un arribismo sin límite. Pretenden llegar (con eso que llaman paridad y techos de cristal), a las cuotas donde por ellas mismas y su preparación jamás llegarían. Con lo cual estamos haciendo un flaco favor a todos. Colocar por pares, sin más, es de idiotas. Las mujeres que valen están desde hace años desempeñando los más altos cargos en todos los sectores económicos: dirigen, gestionan e investigan sin que para ello las tuvieran que enchufar, como ahora pretenden todas estas incapaces.
La igualdad no existe ni existirá jamás. Somos desiguales y descontinuos: hombres con mujeres, hombres con hombres y mujeres con otras mujeres. Es obvio, duele repetirlo. Por eso, hablar de igualdad es pura fantasía mental. Podemos acortar distancias entre desiguales, pero hacer de los torpes unos linces es completamente imposible, usando lenguaje neutro en cuanto al género. Salvo que pretendamos que todos seamos pazguatos. Decía Woody Allen: “La ventaja de ser inteligente es que se puede fingir ser imbécil, mientras que al revés es imposible”.
Luego, hablan de la defensa de la mujer con una alegría que asombra. Resulta que la mayoría de ellas, las ancianas, las mayores (dejamos aparte al anciano varón, ya que solo quieren saber de mujeres), millones de ellas no entran en ese arribismo voraz, no les interesa defender a este tipo de mujer pasada de años. Las tienen abandonadas a su suerte, solas, sin salud, en precario, cargadas de miedos de morirse solas sin compañía, de ponerse enfermas y no tener posibilidad de ayuda, sin poder pagar la calefacción... Esas no les interesan a estas misándricas.
Si tuvieran un poco de dignidad y pudor, pararían de dividir la sociedad en dos: buenas y malos.
Pónganse a hacer residencias de ancianos en condiciones y asequibles para así acoger a nuestros mayores, nuestros padres y abuelos, que, por un motivo u otro, están solos. Los hijos, con esta precariedad que gestionan ustedes, no pueden ni solucionarse la vida de ellos ni tiempo y forma para dedicar a sus padres y abuelos esos últimos años que les debemos toda la sociedad.
Es una vergüenza nacional lo que estamos haciendo con nuestros mayores. Además de dejarlos solos, les metemos miedo con rebajarles su exigua pensión, les encarecemos la electricidad, las residencias son tercermundistas y caras, la dependencia no la llegan a cobrar, les alejamos de médicos y farmacias, con las nuevas tecnologías los aislamos del resto para todo... Para acabar, lo único que sabemos darles: facilidades para que se mueran, para envenenarlos.
Ayudarles a vivir, para qué. No se preocupen, se apuntarán todos en fila a ser considerados con ese premio fantástico de la eutanasia. Tenderán a querer desaparecer cuanto antes de vuestra vista. Ustedes los interpretan una carga, ellos no lo comprenden, pero lo saben y ven. Es una pena, ¿saben por qué? Porque ustedes muy pronto estarán en su lugar: idiotas.
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