La eutanasia

6 de Marzo del 2020 - Julián Matías Ruiz Cantabrana Díez (Oviedo)

¿Qué es la eutanasia? Entre las varias definiciones existentes, he elegido estas tres por parecerme las que más definen el común pensamiento:

1.- “Intervención deliberada para poner fin a la vida de un paciente sin perspectiva de cura”.

2.- “Acto de provocar intencionadamente la muerte de una persona que padece una enfermedad incurable para evitar que sufra”.

3.- (Esta es de la Asociación Médica Mundial) “La eutanasia es el acto por el que un médico administra deliberadamente una sustancia letal o lleva a cabo una intervención para causar la muerte a un paciente con capacidad de toma de decisiones a solicitud voluntaria del paciente”.

Según el proyecto de ley, o las posibilidades de ley que parece se están barajando, se tendrán en cuenta la conformidad del paciente, así como el visto bueno de varios médicos, y otras consideraciones para garantizar que se lleva a cabo en casos extremos con todas las garantías, lo que se conoce vulgarmente como muerte digna.

A mí esta expresión de “muerte digna” me produce cierto escalofrío, y la rechazo. Yo creo que la ley tendría que denominarse de vida digna, pues, hasta el mismo momento de la muerte final, el enfermo o paciente estaba vivo, con todas las deficiencias que se quieran, pero era un ser humano, una persona con toda su dignidad, y de ahí que haya que hacer todos los esfuerzos posibles: personales, familiares, sociales, médicos, psicológicos, institucionales, para garantizar esa dignidad.

Tengo la experiencia de haber estado durante mucho tiempo hospitalizado debido a un accidente y he conocido y convivido durante ese tiempo con muchos enfermos, algunos de ellos muy graves, con grandes secuelas procedentes de nuestra Guerra Civil; algunos fallecieron, y jamás he encontrado a uno que dijese, en serio, que quería que le dejasen morir. Lo que sí querían era que les quitasen el dolor, sobre todo si era dolor continuo, y hasta momentos antes de su fallecimiento estaban esperanzados, mirando al médico con atención y agudizando el oído y todo su interés esperando una noticia que les fuese favorable y, sobre todo, que les aliviase el dolor o la angustia por su situación.

Los partidarios de la eutanasia ponen ejemplos extremos muy delicados y difíciles de solucionar o de dar la solución adecuada en cada momento, pero ¿esas personas recibieron las atenciones continuas y de todo tipo que necesitaban: psicológicas, médicas, familiares, de atención personal, de adecuación de su vivienda, de fomento de alguna actividad, ayuda económica, etcétera, lo que podríamos llamar verdaderos cuidados paliativos, adecuados a cada uno? Además, creo que sabrán los partidarios de la eutanasia que en casos en los que aparece un síntoma difícil de controlar existe el recurso de la sedación, sedación que debe realizarse por personal especializado y con dosis adecuadas al estado del enfermo, pues de lo contrario puede convertirse en una eutanasia encubierta.

En esto deberían volcarse las leyes, las autoridades, y adecuar los presupuestos. ¡Claro que esta “vida digna” resultaría más cara que la “muerte”!, pero creo que de esta forma podríamos seguir manteniendo vivas y con dignidad a muchas personas, y ¿cuánto compensaría mantener vivo dignamente a un padre, una madre o un hijo durante un determinado tiempo?

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