La torre de bable
Querido lector, no es que me haya confundido al teclear las letras del título y la palabra Babel se haya transmutado en bable, no. De un tiempo a esta parte parece que no existan más que lenguas regionales en nuestro país: vasco, catalán, gallego, valenciano, mallorquín, fabla, etcétera, en detrimento de nuestra lengua común y la de millones de personas que en el mundo hablan, escriben, piensan y wasapean en español.
Todos los hispanohablantes nos entendemos a la perfección, simplificamos obstáculos, trámites y problemas al poder comunicarnos en el mismo idioma. Nos hacemos más próximos unos a otros, más queridos, competitivos, exportadores, nos hacemos mucho más... ¡Pero no!, dividamos. Eliminemos el español de nuestras aulas, de nuestra infancia, de la cultura, de nuestro orgullo de pertenencia; y así, como ocurrió con la torre de Babel, que hablando todos en lenguas distintas, ninguno nos entendamos.
Nos están imponiendo la necesidad de las lenguas regionales que solo hablan y entienden unos pocos, que nos tribalizan y nos restringen al ámbito de la aldea. Una pena, pero así es. Hasta en esta entrañable Asturias, cuna de España y de la re-cristiandad, estamos construyendo una ridícula torre, una torre que para nada vale: la torre de bable.
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