Vivencias de un estudiante de Medicina e investigador con discapacidad
La pasada semana he sido entrevistado por la TPA, no habiendo podido transmitir todo lo que me hubiera gustado dada la importante limitación temporal existente en un Telediario. Mi único objetivo con dicha entrevista era ayudar a gente que pudiera estar o haber pasado por unas condiciones similares a las mías. Como se ha podido ver, yo tengo una discapacidad ocasionada por una hemorragia cerebral que derivó de un parto muy prematuro.
Este hecho me ha llevado a estar en constante contacto con médicos y hospitales desde el primer minuto de vida, por lo que nunca me he planteado ser otra cosa que médico (como comenté dada mi experiencia personal, tenía dos opciones: odiar o amar la medicina, y desde que tengo recuerdos, escogí la segunda opción).
En este artículo cuento mi experiencia personal con el objetivo de ayudar a personas. Cuando me plantearon el hacer la entrevista, inicialmente dudé, pues exponer públicamente la vida de uno, cuesta. Además, al ser un medio público, siempre habrá personas a las que guste mucho, a las que les sea indiferente y otras que a quienes no les gustará en absoluto lo que cuente.
Asumido eso, con que esto pueda servir de ayuda, aunque solo sea a una persona, me conformo, cumpliendo así mi objetivo. Para empezar, diré que estas líneas surgen tras un momento terrible de mi vida en el que me he visto padeciendo una depresión, y un periodo de intensa decepción con las personas y con el mundo.
Pasado el punto más arduo de este proceso, tras intercambiar vivencias con familia, amigos, personas conocidas… me he dado cuenta de que las personas con discapacidad, especialmente los más jóvenes, (por los pocos años vividos, quizás) por miedo a ser cuestionados, a que se pongan en duda nuestras capacidades, al rechazo, etc., podemos caer más fácilmente en momentos de tristeza que puedan acabar desembocando en una depresión.
Con este escrito pretendo ayudar a quien pueda estar pasando por este trance, a su familia, amigos… y exponer que de todo se sale, que la tristeza, como cualquier otra emoción, no es permanente. Todas nuestras vivencias nos hacen evolucionar como personas, y, por qué no, ser mucho mejor que antes.
Incluso, en cierto modo, sentir ansiedad, decepción, miedo, tristeza… es un indicador normal ya que sentir emociones negativas, como personas que somos, y que estas nos duelan es inherente a la condición humana y hasta positivo que las sintamos.
Explicaré este último párrafo, que puede sonar raro, con un ejemplo médico: una persona que acude a urgencias con una quemadura importante, que le duela es buen síntoma, será más fácilmente recuperable que la de alguien que tiene una quemadura importante también y que no le duela. Que la persona que siente dolor esté más asustada que la que no lo siente es evidente, y, sin embargo, su pronóstico suele ser más positivo (el del dolor).
Siente dolor porque su quemadura no ha afectado total o parcialmente a los nervios, sin embargo, quien está más tranquilo porque no lo siente puede no recuperarse de la misma manera, sus nervios están afectados y por eso no siente ese dolor. Esto, que inicialmente y sin conocimientos médicos puede interpretarse como bueno, en realidad es bastante más grave.
Con las emociones negativas pasa lo mismo; sentirlas nos hace humanos, carecer de ellas de una forma exagerada y siempre teniendo en cuenta el caso concreto puede rozar la psicopatía (es una manera literaria de transmitir un concepto, alguien que no sienta, por ejemplo, miedo ante algo que teóricamente pueda darlo no tiene por qué tener ninguna patología médica, lógicamente).
También, nos tenemos que dar cuenta de que ciertas cosas que alguien nos haga nos las podemos tomar mal, en principio, pero quizás estén hechas por una persona que piensa de manera distinta a la de uno, hechas desde las vivencias personales de cada uno, o por alguien que no está pasando por sus mejores momentos. Incluso depende de uno mismo tomarse algo como una ofensa y molestarse o dejarlo pasar como si nada.
Voy a utilizar unos ejemplos para ilustrar este último párrafo: una persona está en la playa tomando el sol y se ha quemado la espalda, mientras pasea se encuentra con un amigo que no ve desde hace tiempo y ese amigo le da una “palmadita” en la espalda a modo de saludo. Esta persona con la espalda quemada sentirá molestia o dolor, y en ese instante puede hasta decirle algo feo a su amigo, que realmente nada sabe de su espalda dolorida.
El segundo es de una persona que quiero mucho, Lucía, mi pediatra desde que nací, y que aprecio personal y profesionalmente. Siempre segura de sí misma y viviendo con un gran optimismo. Una vez la llamaron del colegio de su hijo (siendo pequeño) para decirle que el niño había dicho una palabrota un día en un momento puntual, a lo que respondió: “Pues cuiden ustedes lo que escucha el niño en el colegio, porque en casa les aseguro que no se dicen esas cosas”. Podría habérselo tomado mal porque por una palabra inadecuada de un niño pequeño que no iba dirigida a nadie, sino que había dicho a modo de coletilla… pero decidió tomarlo con humor y no enfadarse.
Los últimos son de mí mismo: yo cuando estaba en el momento más duro de este proceso no quería hablar con nadie y que algún amigo me dijera algo o se preocupara porque me veía regular me sentaba fatal; no quería a nadie cerca. Si supieran lo que yo estaba pasando era entendible, pero si no, me podían haber tomado como borde, apático, yo qué sé (evidentemente, hoy en día, con todas las personas que me pasó esto saben el porqué).
Con el último quiero hacer ver que algo que un día uno se toma muy mal y le duele, pasado un tiempo, entendiendo el contexto y con cierta perspectiva se puede llegar a ver como positivo. Voy con el ejemplo: hace casi dos años, en a torno finales de abril de 2018 y tras casi dos meses de depresión importante consigo retomar mi vida normal, y a la semana siguiente me viene una “persona mensajera” con unas cosas de otra persona que supuestamente era amiga y dichas cosas las eran relativas a esta supuesta amistad.
Inicialmente me dolió, yo que había conseguido retomar mi vida normal y me encuentro con este hecho inusual. Posteriormente y pensándolo con un poco de perspectiva, para una persona que ha visto y aprendido de su familia que el concepto de amigo es: “gente que me beneficia a la que me interesa mantener porque me viene bien y entonces no la machaco, y cuando no sea así la tiro” es entendible, aunque pueda provocar tristeza. Además, pasado el tiempo lo vendí todo por “Wallapop” y hasta me vino mejor tener ese dinero para mí. Esto es tan cómico como real y penoso que te den hilos quirúrgicos caducados y guantes, pero al final no fue tan malo.
Para ir acabando, yo actualmente estoy colaborando en un laboratorio de la Facultad, investigando, y quisiera recalcar la importancia de la investigación en una Medicina que, a corto plazo, se torna muy distinta a como ahora es. Vamos hacia una medicina molecular, que trabaje juntamente con otros campos como la ingeniería, hacia juntar Medicina con BigData, genética, química… para que mediante el análisis de datos y la investigación médica se puedan conseguir tratamientos nuevos, mejores, y adaptados a cada paciente según sus características propias personales, es decir, individualizados.
Esto lo digo no como alguien que está en un laboratorio y no tiene contacto con el mundo clínico real, lo digo como investigador por un lado y como paciente por otro, dado que yo he visto en mis propias carnes la evolución de los tratamientos en los últimos 20 años y la investigación, esa medicina microscópica, molecular, de la cual nacen grandes avances se halla en la sombra para el gran público y algo paralizada por la crisis económica, sin darnos cuenta de que si hasta hoy se han conseguido grades avances, los que tocan a partir de ahora serán aún mejores, pero actualmente carecemos de fondos aceptables para sacar lo máximo de la investigación. Con este párrafo quiero recalcar la importancia de inversiones en investigación médica y de que vayan resurgiendo, puesto que se traducen en calidad de vida a pacientes.
Por último, quería agradecer a todos los que me habéis hecho seguir confiando en el mundo y en las buenas personas, que me habéis ayudado, apoyado y confiado en mí en estos casi dos años terribles para mí, que no me dejasteis tirado y me cuidasteis siempre en todo aquello que pudiera haber necesitado. Sois bastantes personas, por lo que no puedo nombrar a todos. Así que los más importantes son mi familia cercana y amigos como: Alba, Candela, Jose, Lucía, Roberto, Yoana… También grandes científicos como Carlos López Otín, José Antonio Vega Álvarez y Miguel del Valle Soto, cuyo valor científico es de sobra conocido en el mundo de la investigación médica, pero lo que no conoce cualquiera que no los haya tenido cerca es que, si su valía científica es enorme, la bondad personal es mayor aún, por eso quisiera recalcarlo especialmente. Gracias por haberme ayudado en lo que necesité, por confiar en mí y por haber estado ahí apoyándome cuando “tenía el mundo encima y no veía salida”.
Quisiera acabar con una reflexión sobre unos datos que Carlos López Otín compartió en su libro: “Todos los seres vivos venimos de una humilde bacteria que hace 3.800 millones de años creó otra igual a sí misma, y hace 1.500 millones de años esas bacterias en aquel mundo aburrido intoxicaban su ambiente con un gas tóxico, el oxígeno, entonces, para poder sobrevivir se asociaron convirtiendo aquel oxígeno tóxico en una molécula que almacena energía: el ATP”. Mi reflexión respecto a esto es: ¿por qué si somos producto de una inmensa solidaridad en un mundo primitivo, no continuamos todos ayudándonos mutuamente para conseguir ese bien común gracias al que hoy existimos?
Con el único objetivo de ayudar a todo el mundo que pueda estar pasando por algo similar, quiero demostrar que de todo se puede salir, que la discapacidad no tiene por qué ser limitante, que siempre hay gente buena que confiará en nosotros y nos ayudará y dar visibilidad a la importancia de la investigación en medicina.
Especialmente con motivo del reciente día 15 de febrero, Día Internacional del Cáncer Infantil, dado que grupos de nuestra Universidad trabajan en alguno de estos campos (leucemias, por ejemplo, así como en patologías del sistema nervioso y de los sentidos, grupo en el que estoy).
Esperando ser útil, muchas gracias a todos por leerme.
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