Puerto de Vega llora la pérdida de un gran artista
El pasado 17 de febrero nos dejaba de forma inesperada uno de los vecinos más queridos de la villa marinera, José Suárez Pérez, popularmente conocido como "Pepín el Magarín". Plácidamente descansando en su sillón, mientras veía uno de sus programas favoritos en la tele, se fue quedando dormido para siempre, a los 89 años recién cumplidos.
A nuestro dolor como familiares (hijos, nietos, hermanos y sobrinas) se unió el de todos los que lo conocían, como hemos podido comprobar en las emotivas notas de pésame que nos han llegado. Una de ellas hablaba de la pérdida de un genio, otra del profundo aprecio hacia un hombre de bien que llevó siempre el nombre de nuestra tierra con orgullo y amor por muchos sitios de España, etcétera. Agradecemos a todas esas personas sus palabras cargadas de emoción.
A manera de breve biografía haré un sencillo resumen de lo que fue su vida personal y artística: de ascendencia naviega (Vigo) por parte materna y valdesana (Otur) por parte paterna, pronto afianzó Pepín sus aptitudes para la música, influenciado por el ejemplo de su progenitor, que era músico de profesión. De su mano aprendió las primeras nociones sobre la ejecución de instrumentos de cuerda y viento. Poco después se incorporó a la orquesta familiar llamada "La Gírez", tocando principalmente el saxofón, integrada por su padre, dos tíos paternos y otros músicos portoveguenses.
La llamada al obligatorio cumplimiento del servicio militar le llevó a la Comandancia de Gijón, tras haber estado tres meses en la de Ferrol. Aprovechando su estancia en la gran ciudad asturiana, tomó clases de violín con el profesor Oscar Mori durante un trimestre, llegando en ese breve período a alcanzar el curso o grado sexto.
Algunos años después fundaría junto con su hermano Galo y otros cuatro componentes de Puerto de Vega la mítica orquesta llamada "La Veracruz". Tras algo más de una década de conciertos por el norte de España, la reformarían más tarde pasando a llamarse "Centauros". Este grupo estuvo en activo siete años. Otra faceta de la música la desempeñó como director del coro "Ecos del mar", fundado en 1983 y formado por 18 voces graves en sus inicios. Esta agrupación participó en diversos eventos culturales por toda Asturias y otros lugares fuera de ella, como el Centro Asturiano de Madrid, donde fueron galardonados con la "Madreña de oro". Su trayectoria se desarrolló durante once años.
Durante esta última etapa acaeció un hecho que me afecta personalmente. Y es que otro vecino llamado Jano me pidió en su día que escribiera una canción para los "Ecos de mar", pues bien sabía él de mi afición poética. Así lo hice. La titulé, "Señor, mi Dios". Reproduzco unas pequeñas estrofas: "Separaste tierra y mares /el tercer día, Señor./ Y uno de esos bellos mares, / a nosotros nos tocó./ Este nuestro humilde pueblo / llamado Puerto de Vega / te agradece haber nacido/ en la costa marinera". El encargado de componer la música fue el padre de Pepín, mi abuelo materno, bajo cuyo mismo techo yo vivía, en Santa Marina. Recuerdo cómo la repasaban entre los dos. ¡Una cascada de fusas, corcheas, bemoles, negras, semitonos, semifusas...! Y luego el primer ensayo a tres voces, para lo cual pidieron mi colaboración. ¡Fue genial!
Sus actuaciones musicales durante estos últimos años tuvieron lugar en el casino de Puerto de Vega, participando altruistamente en los festivales de Manos Unidas, junto con sus dos compañeros, Sito y Nato; bajo el nombre de "Los tres amigos". El programa "De Romandela", que se emite en la TPA, también les grabó en su pueblo interpretando melodías con sus instrumentos artesanales.
Otra de las grandes pasiones de Pepín era la ebanistería, que le llevó a realizar laboriosísimas tallas en muebles personales y objetos de decoración, como marquetería, portarretratos, etcétera. Y aunando ambas artes salieron de sus manos un violonchelo, tres violines y una viola, que además sabía tocar con maestría, para deleite de nuestros oídos.
Actualmente estaba trabajando en su taller, inmerso en la construcción de una guitarra española que quedó a medio hacer. ¡Su mente llena de proyectos e ilusiones! Una mente tan privilegiada que le llevó a proyectar planos de maquinillas para barcos de arrastre, en la empresa metalúrgica local Talleres Xiraldo. Incluso creó nuevos modelos de máquinas.
Por cualquier rincón de su casa a donde dirijamos la vista encontraremos recuerdos de sus facetas artísticas. Las notas de sus maravillosos instrumentos quedarán ahora dormidas, como las del arpa del poema de Bécquer. Tal vez "esperando una mano que sepa arrancarlas...".
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