Médico y buena persona
El coronavirus ha propiciado que de nuevo la profesión médica esté en las portadas informativas y en la mente de todos. Es por ello por lo que voy a aprovechar para dar a conocer un artículo de Univadis que habla de las cualidades que ha de tener un buen médico, del artículo he extraído y comentado lo más sustancioso, qué transmito dado el interés que tiene: "Para ser un buen médico, antes hay que ser buena persona". Esta sentencia del médico argentino Juan Carlos Giménez se hizo viral en Twitter hace pocos meses. El Dr. Giménez realizó una serie de reflexiones que ponían de manifiesto que ser médico no es cualquier cosa. Se precisa de conocimientos y, sobre todo, de actitudes muy especiales. La consecuencia de esta reflexión es clara: "Por tanto, no todo el mundo puede ser médico", ya que: "Ser médico es tener que lidiar con el sufrimiento del paciente, teniendo la certeza de que, en muchos casos, no habrá solución".
Ser médico es muy importante porque: "Nos ocupamos de la salud y de la enfermedad". El médico debe estar hecho con una buena madera. Porque, como se podría señalar: "El médico tiene que querer a sus pacientes".
No podemos dar lo que no tenemos. Un médico tiene que buscar lo mejor para sus pacientes: cuidarles individualmente, saber priorizar lo más relevante, comprenderles y hacerles saber que les entiende, dar una atención excelente, etcétera. No es posible hacer todo esto sin esfuerzo generoso y sin creer en lo que se hace.
El médico tiene que estar comprometido seriamente con la salud de los enfermos. No se trata de cumplir con un trabajo, de ser meramente un buen profesional, sino de atender de forma excelente las necesidades y requerimientos del enfermo.
Un médico virtuoso será aquel que posea las virtudes que le permitan ejercer la profesión plenamente. Para adquirir las virtudes resulta esencial una adecuada educación. Entre las virtudes profesionales de la medicina podríamos indicar: honestidad, benevolencia, humildad, confianza, compasión, prudencia y responsabilidad.
El sistema de formación vigente ha descuidado, en los alumnos de Medicina, la formación de un carácter propio del médico y, como consecuencia, muchos se centran exclusivamente en los aspectos técnicos de la profesión, olvidando su verdadero objetivo. Los estudiantes han perdido la capacidad de ver al otro, padecen una especie de agnosia que les impide reconocer lo esencial del ser sufriente que tienen enfrente. Por este motivo, es clave que los futuros médicos sean escogidos y educados pensando en el ideal de atender de forma excelente a la persona enferma en todas sus dimensiones.
El actual sistema de acceso a la Universidad en España apenas tiene en cuenta las actitudes o la vocación del candidato, por lo tanto después, una vez admitido en la Universidad, tendremos que centrar los esfuerzos en la educación del carácter del médico y del compromiso de este con el paciente. Finalizamos con otro Twitter de Juan Carlos Giménez: "Ser médico no es un oficio más. Ser médico es una filosofía de vida, es una forma de vivir".
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