La infodemia está haciendo estragos
Es la mayor epidemia del momento. Ante cualquier contratiempo, se llenan las redes, los medios de comunicación y el boca a boca de una epidemia de desinformación sin límite.
Cualquier patán puede alarmar, vender su producto a costa de engañar. Muchos hacen su agosto a costa de la buena, timorata y cándida gente: ya sean virus, epidemias, pandemias, crisis... todo lo aprovechan los innecesarios y perjudiciales especuladores.
Ya no hay profesionales en ninguna faceta de la vida, sobra inmadurez; para contrarrestar miedos, falsedades o estafadores.
Estamos hablando de medios de comunicación, porque son parte importante a la hora de divulgar y exagerar. Pero, por hablar de la actualidad, dejamos la sanidad en manos de jóvenes inexpertos, hasta el ministro de Sanidad es un pardillo del ramo, filósofo ejerciendo casi toda su vida de apoltronado de la política. Así nos va.
Pero hay otra profesión en caída libre que debiera llevar las riendas de todo y que, por ventura, tenemos a bien mantener sin merecer tal honor: LOS POLÍTICOS.
Los últimos años de Felipe, los años de Azar y Rajoy llevaron a los españoles a dudar de los veteranos, se corrompía a manos llenas, y pensamos arreglarlo considerando una opción mejor: el colocar a jóvenes al frente de los partidos, craso error.
Las personas se están moldeando toda su vida. De adolescentes y jóvenes, todos estábamos cargados de adrenalina e inexperiencia, nos comíamos el mundo a costa de bandazos, osadías, errores, imprudencias, imperfecciones y muchas meteduras de pata. Lo que llegamos a ser después de maduros es fruto de haber pasado por esas fases, que muchas veces nos avergüenza recordarlas. Nadie debe arrepentirse de tiempos pasados, eso nos hizo mejores y con experiencia para saber lo que está bien y mal, saber actuar ante los problemas y buscar las soluciones sin alarmar o considerar que solo es imposible lo que jamás intentas.
Se decía que “la veteranía es un grado”, que “sabe más el diablo por viejo que por diablo”, y esa regla es cierta. Ahora que hablamos de educación, debemos empezar por empoderar y respetar los años a la espalda. La juventud carece de templanza y serenidad, les falta haber pasado por esas fases de aprendizaje de la vida. Más en los últimos tiempos que educamos a los ahora gestores y en el poder en la más absoluta indisciplina, en la comodidad; se lo dimos todo hasta los 30 años sin ganárselo, no saben lo que es sacrificarse y sortear obstáculos.
No pueden estos jóvenes acomodados e inexpertos dirigir países, ministerios, diarios, empresas, ayuntamientos... Esa debiera ser la regla primordial. Ya llegarán a alcanzar el poder cuando estén preparados para ello, cuando se curtan al lado de veteranos que les enseñen lo bueno que tienen y dejen de emular sus fallos, que seguro también acarrean. Esa continuidad generacional consigue que seamos mejores en todo. Pero si colocamos a jóvenes al frente, jóvenes comodones, les engañarán fácilmente y claudicarán ante situaciones que jamás vivieron.
“La juventud es un regalo de la naturaleza, pero la edad es una obra de arte”, Stanislaw Jerzy Lec.
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