Me rindo
No puedo más, no aguanto un minuto más, me rindo, entrego las armas, saco bandera blanca y levanto las manos entregándome sin resistencia.
Mi cerebro no es capaz de asimilar un solo artículo más, aguantar una nueva tertulia, escuchar otra diatriba, ver nuevas manifestaciones populares en la televisión y soportar un debate más en el Parlamento relacionado con el asunto estrella del momento: el machismo-feminismo, que es un término parecido al de marxismo-leninismo pero referido a los sexos. Este asunto es la última plaga bíblica, a nivel de opinión, que nos asuela de unos años a esta parte.
Coges la prensa y todos los días dos o tres hojas sobre la materia, entrevistas a mujeres amenazadas, hombres diciendo topicazos sobre la cuestión para ser halagados y aceptados en el mundo femenino, columnas de opinión redundantes y reiterativas, editoriales, etcétera. Todo sabido y todos de acuerdo: el machismo es terrorífico. ¿Alguien opina lo contrario? Que levante la mano.
En los suplementos dominicales de los periódicos, solo con leer los títulos de los mismos (“Yo Dona”, “Mujer Hoy”) ya te imaginas su contenido y su continente.
En la televisión hay programas monográficos sobre la materia, en cualquier tertulia y en cualquier ocasión surge un comentario, una advertencia, una amenaza o un axioma sobre el asunto.
A nivel de espectáculos, pobre de aquel o, peor, aquella que haga un chiste o sketch sobre este contenido: está condenado al fuego eterno.
Por favor, en el 2020, con los grandes avances tecnológicos de que disponemos, con el 5G, el 6J y el 7K, todos tenemos clara la igualdad entre las personas sin importar el sexo, la raza y el color; todos tenemos claro lo que es el bien y el mal, que nos tenemos que amar siempre, que hay que conducir por la derecha, que hay que ayudar al necesitado, que no hay que desear la mujer de tu prójimo, que hay que reciclar la basura y que la capa de ozono está desapareciendo; todos sabemos que hay un cambio climático y que la obesidad es malísima para la salud, y también tenemos claro que los restaurantes con estrellas Michelin son cojonudos.
No obstante, y a pesar de tenerlo todo claro, tener todo atado y bien atado en este mundo de altas prestaciones, de tener a Alexa para cumplir nuestras órdenes, de saber que la mujer es más inteligente que el hombre, que rinde más en el trabajo, que puede hacer varias cosas a la vez, que puede quedarse embarazada y parir algo tan maravilloso como son los hijos, que tiene la opción en exclusiva de la lactancia, a pesar de estar encantados de habernos conocido, siempre habrá alguno o alguna al que no le gusten los de otra raza, que odie a las mujeres o a los hombres, que no recicle la basura, que se salte las normas de tráfico, que robe o que mate, que prolongue una baja más de la cuenta, que esté gordo. Cuando esto ocurra, en los delitos que intervenga la ley, y los malos comportamientos morales corrijámoslos con una buena formación y educación, pero, por favor, eliminemos el asunto machismo-feminismo de nuestros medios informativos. El asunto no aguanta una columna, programa o manifestación más, so peligro de devaluarse más que las cabinas de teléfono.
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