La vida es así, o no
Volvía hoy de trabajar, otras veces miraba si salía algo para poder comer con su familia, que él quería que comiera siempre antes que él, no por destacar bondad, sino, aún sin cenar, dormir más lleno que ayer. Venía cansado del trabajo y por el camino ayudaba a un señor mayor a reparar bicicletas, se le amontonaban, aunque parecía no necesitar de aquello para vivir; le preguntó un día: ¿por qué lo hacía?, era mayor y podía disfrutar de su vida sin necesidad de trabajar. Le contestó, mientras no dejaba de reparar, que los niños del barrio no tenían dinero para arreglarlas y sí muchas ganas de jugar, mi paga es verlos de nuevo correr y reír, lo hago también por mí. Pero dime tú, hijo, ¿por qué después de trabajar duro en la fábrica, cansado y de regreso a tu hogar, tienes siempre una hora para mí?, no cobras nada y, sin embargo, estás aquí. Me temo que en tu pregunta está tu respuesta: me ayudas porque pensabas que arreglaba bicicletas para vivir y que no me llegaba el tiempo por ser mayor y lento. Te conozco bien, ahora que sabes la verdad vendrás sin tomar café y marcharás más tarde en el bus.
A veces, uno no hace lo que sabe para poder vivir, pero, antes de conformarse con lo que hay, contribuye con lo que puede para poder dormir; dudar de nuestra verdad nos hace más humanos aunque aparentar menos listos, y tiene que ser el hombre que arregla bicicletas el que nos saque de nuestro error.
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