La señora Irene Montero nos lleva a un callejón sin salida
La “ministra” Irene Montero (pareja de casoplón de Pablo Iglesias) sigue erre que erre con su absurda misandria. Recontando cada desgracia familiar para echar más y más odio sobre los hombres en general. Pregona una igualdad ficticia para el resto de mujeres, mientras la real la agarra toda para sí. Así ocurre con aquello de la conciliación familiar: la conciliación es para otros; ustedes, niñeras, a costa de pagárselas todas aquellas que se dejan engatusar.
Lo de Irene es para mirárselo muy bien, suele repetirse como un pato en una pérdida de tiempo para una ministra que sigue haciendo oposición sobre ella misma (ya que no se entera de que forma parte del Gobierno) alentando a las mujeres, “en un soplar al viento absurdo”, que ella solucionará la desigualdad y la violencia de género. Las engaña, podrá enchufarlas a todas, a las ineptas; las otras no necesitan de ella, pero la igualdad no existió, no existe, ni existirá entre mujeres y hombres, ni hombres con hombres ni mujeres con otras mujeres; somos distintos y discontinuos. La igualdad que ella reclama es colocar en puestos de responsabilidad (como logró el suyo), por cuotas, cremalleras y atajos, a mujeres, no importa su capacidad: las colocará por sexo en vez de por seso. La prueba la tenemos en su Ministerio, eligió todo mujeres. ¡Miren la igualitaria!
Referente a solucionar la violencia de género, es otro soplarle al viento: existen múltiples factores intrínsecos, enfermedades, vicios, drogas, personales, económicos, educacionales, familiares y mentales donde cada intimidad de pareja es un mundo, donde con medios económicos se podrán disminuir muchos de ellos, pero que con leyes discriminatorias los empeorará considerablemente. Los mentales poco puede hacer por ellos y los otros: educación.
El mundo es complejo y lleno de riesgos, como la educación es a medio y largo plazo; mientras tanto, no hagan caso de soplagaitas, Irene no puede estar metida en cada pareja para prevenir nada, incluso ese “solo sí es sí” es la absurdez llevada a la máxima expresión, ¡claro que el sí es sí! pero ¿estará usted dentro de cada intimidad marital para saber si una de las partes pudiera mentir en beneficio de una ley que les otorga palabra de verdad absoluta? Sobre este tipo de verdades, sin pruebas probatorias, solo empeorará todo, además de que una ley que da ventajas a una parte y discrimina a otra no es ley.
Pedirles a las mujeres que sepan elegir bien con quién comparten su vida (hasta tener una ley de Educación en condiciones consensuada entre todas las fuerzas políticas) es la mejor opción para su felicidad. Mejor solas que mal acompañadas. A ese porcentaje minúsculo de energúmenos (el 99,99% de hombres están avergonzados de que por culpa de unos pocos Irene y otras feministas misándricas nos quieran marcar a fuego al resto), si no son capaces de reflexionar, si su mente los llevara a esos extremos: mátense ustedes antes de matar a nadie.
“Eso de vivir bajo sospecha sin ser culpable es de las peores cosas que puede vivir un ser humano”, hablamos de facilitar denuncia falsa. Usted, señora “ministra Irene”, y su cuadrilla están llevando todo a un callejón sin salida con su distorsionando de la ley, donde la palabra de una parte puede llevar a la cárcel a inocentes y marcarlos de por vida. “A diario, junto al invisible y tácito silencio, vemos cómo las malas acciones de una minoría sirven para culpabilizar a la mayoría”. (Olga Seco).
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