Agradecimiento
Ya con más tiempo y calma, tras el fallecimiento de mi hermano Teo, quiero expresar desde aquí, en mi nombre y en el de mi familia, mi agradecimiento a todos aquellos profesionales de la sanidad y los cuidados que hicieron más llevadero el proceso. En primer lugar, al personal del Hospital Grande Covián, a pesar de un problema suscitado con una doctora, que mostró una preocupante falta de empatía, prefiero aceptar sus explicaciones de que se debió a un malentendido. Afortunadamente, sus compañeros reaccionaron adecuadamente y de modo ejemplar y solventaron la situación de forma satisfactoria. Del resto de profesionales del Hospital solo puedo hablar maravillas de su profesionalidad y atención. Muchas gracias a todos.
En segundo lugar, en orden, pero no en importancia, a la médica de cabecera de mi hermano, Belén Alonso Bada, un verdadero ejemplo de lo que debe ser una médica de atención primaria, siempre pendiente y al quite. Junto al otro doctor de la familia, nuestro nunca bien ponderado Ezequiel, que también estuvo atento sobre toda la familia, especialmente mis padres. Con ambos, la atención primaria del concejo está, por fin, en las mejores manos.
Junto a ellos y en el trabajo de cuidados paliativos, debo sumar a otro doctor, Pedro Castaño Camblor, también ejemplar en su trabajo, y a un ATS excepcional: Jaime Pérez. En nuestro concejo somos afortunados por tenerle.
Y por último, pero no por ello menos importante, sino todo lo contrario, la trabajadora social Isabel Rellán. Esta trabajadora es quien se dedica habitualmente a atender a mi madre, en el servicio de cuidado a dependientes. Isabel es absolutamente excepcional en el desarrollo de su trabajo y en estos últimos tiempos se ha convertido en alguien tan importante para mi familia que ya parece formar parte de ella. A ella le correspondió también el cuidado, en esos últimos días, de Teo, y volvió a mostrar esas cualidades que ya le conocíamos. Algo que debo hacer extensivo al conjunto de sus compañeras: solo puedo hablar maravillas de todas ellas, aunque el caso de Isabel es realmente especial. Chapeau!
Lo mismo puedo decir de las asistentes sociales del Hospital, del centro de salud y del Ayuntamiento. Especialmente agradecido a la asistente del centro de salud de Arriondas, a la que “asalté” en la calle un viernes, una vez terminada su jornada laboral, y que me atendió y resolvió el problema sin una mala cara y con diligencia. Lo mismo puedo decir de la trabajadora municipal. Sin olvidarme del propio Ayuntamiento, que resolvió con celeridad y ejemplarmente la situación.
A todos ellos y ellas, nuestro más profundo agradecimiento por hacernos menos difíciles y dolorosas tan aciagas circunstancias. Es un gusto poder hacerlo.
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