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El coronavirus como coartada

3 de Marzo del 2020 - J. J. J. Suárez González (GIJON)

A pesar de que parece que el coronavirus solo es mortal en un muy pequeño porcentaje y solo en personas de riesgo, sobre todo ancianos con patologías respiratorias anteriores, se ha producido la psicosis colectiva y, una vez conseguida esta, es la hora de pasar a la segunda fase, la de utilizar la epidemia, que no parece que sea peor que la de la gripe, como coartada. Todos recordamos lo que sucedió cuando se produjo la explosión de la burbuja financiero-inmobiliaria, cuando las hipotecas subprime, aquellas hipotecas que los bancos prestaron alegremente, se convirtieron en impagos masivos. ¿Por qué aquellas hipotecas de repente no se pudieron pagar? pues porque los trabajadores llevaban años perdiendo poder adquisitivo, con sus salarios creciendo muy por debajo de lo que subían los precios, había una economía recalentada con una inflación cercana al 3%. Aquellos desajustes y aquellas fechorías financieras auspiciadas por los gobiernos, por los bancos centrales y por los demás bancos tenían que estallar, y eso, y no otra cosa, fue lo que, en verdad, estalló. Pero, aunque parezca increíble, casi ninguna de las entidades y de los personajes que provocaron aquella hecatombe pagó por ello; al contrario, los que pagaron fueron los ciudadanos, en particular los trabajadores, que fueron los estafados. Pues bien, aquel tsunami no se aprovechó para volver a la ortodoxia, para regresar al mundo de la gente cabal; al contrario, exactamente los mismos que lo provocaron volvieron a las andadas, la cabra siempre tira al monte. Ingentes cantidades de dinero público se dedicaron a tapar los agujeros de los bancos, pero las hipotecas impagadas también se dejaron en poder de las entidades financieras, corporaciones que desahuciaron, con la aquiescencia de los gobiernos, a los pobres desgraciados que no las podían pagar. Pero, como no tuvieron suficiente, los bancos centrales pusieron a trabajar a destajo sus máquinas de hacer billetes, ingentes cantidades de papel moneda sin respaldo de valor que había que valorizar haciéndolo circular, ¿cómo? Pues prestando ese dinero a los bancos a intereses negativos, algo así como si un propietario pagara al inquilino por alquilarle el piso, para que luego los bancos nos los prestaran a nosotros al 5%. Estamos hablando de la mayor estafa piramidal de la historia. Naturalmente, como todas las estafas piramidales, este robo masivo a la gente tenía que tener un punto de ruptura, la Deuda de los estados no podía crecer hasta el infinito, la fiesta se tenía que acabar… ¿Saldrían nuevamente impunes los facinerosos? Esta vez tenían sus dudas, porque la devaluación salvaje que iban a tener que hacer a las condiciones de vida de los ciudadanos podía costarles, en esta ocasión, la cabeza. Pero hete aquí que entonces llegó el coronavirus, precisamente en el momento que necesitaban, y ya tienen la coartada perfecta para hacernos, otra vez, la puñeta.

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