El drama de la frontera psicológica: lo que les pasa a los migrantes
Me gustaría mucho centrarme en una cuestión que se subestima o que se desconoce o a la que no se le da mucha importancia, mientras que -en mi opinión- tiene un impacto fundamental en un mundo donde el encuentro entre culturas tiene un sentido muy fuerte.
Generalmente, cuando se habla de migración, las sociedades se focalizan en los problemas políticos o económicos que se pueden generar, atribuyendo la culpa a los migrantes; pero no piensan en todo lo que se les acaba durante y después del viaje a estos chicos que, por desgracia, nacieron en un lugar que no les permite llevar una vida normal.
Diferentes estudios científicos y recientes encuestas realizadas por asociaciones sanitarias registran un alto porcentaje de migrantes que encuentran dificultades psicológicas que no les permiten hallar trabajo y tener una vida mejor que la que dejaron en su propio país.
Dichas investigaciones enseñan que estas personas pueden haber sufrido eventos traumáticos, como amenazas y violencias antes y durante el viaje, pero no solo porque la condición de precariedad que encuentran en un país diferente al suyo genera más sufrimiento y estrés emotivo que no pueden ser olvidados. Sufren por la falta de actividades cotidianas, por soledad, porque tienen miedo de un futuro incierto y, por supuesto, sufren por haber dejado su tierra natal y sus familias. Estos ejemplos representan los escenarios típicos de lo que pasan los migrantes en la etapa posterior a la migración.
Otro aspecto fundamental de este problema es la ausencia de una ayuda adecuada: la mayoría de las veces, no se considera la necesidad de poder contar con un apoyo cuando de verdad la situación lo requiere. Los servicios sanitarios y los recursos psicológicos ofrecidos por las regiones que reciben a los migrantes caracen de las competencias necesarias y de lo que sirve para reconocer estos trastornos y enfrentarlos. Además de ese aspecto, se registra también una ausencia de mediadores culturales que puedan intervenir ayudando a los más jóvenes a establecer un contacto con la cultura de acogida.
En consecuencia, lo que se crea es una barrera entre quien pertenece a una cultura y los que llegan de otra. Las sociedades los acusan de los problemas que traen consigo, según la perspectiva de la nación receptora, sin entender que un país que tiene la posibilidad de conocer a otras culturas diferentes de la suya tiene también la posibilidad de enriquecerse y mejorarse.
El problema tiene que ser resuelto de raíz, intentando ofrecer la mayor ayuda posible a los migrantes para integrarlos en la comunidad y crear juntos una sociedad, multiétnica, abierta y unida.
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