"El sueño americano"
“Desde niño adora todo lo relativo a Estados Unidos de América, considera que es el mejor lugar del universo”. Así empieza el cuento “El largo camino a la ciudadanía” (Instrucciones para cruzar la frontera), de Luis Humberto Crosthwaite, escritor mexicano que en sus textos narra la compleja realidad de la región fronteriza del norte de México. En este caso, el escritor reconstruye las diferentes etapas del sueño americano a través de la experiencia del protagonista, un mexicano cuya aspiración de vivir en EE UU es -incluso- el único objetivo por el cual vive. El cuento es emblemático, ya que no se trata de un caso aislado: dicho propósito, en efecto, aúna a muchísimos mexicanos cuyo sueño de ir al otro lado es tan fuerte e intenso que les permite superar muchos obstáculos para conseguir realizar su deseo. Con todo, la mayoría de las veces, este sueño se revela frágil y quebradizo, al llegar por fin al suspirado país y -aún más- al obtener la tan anhelada ciudadanía.
El camino que recorren no es igual para todos: algunos arriesgan sus vidas, otros viajan en condiciones lamentables; hay quienes tienen que entrar en contacto con personas peligrosas - coyotes, traficantes, pandilleros…- o, simplemente, recurren a medios alternativos -y, a veces, quizá poco éticos- como casarse para poder obtener la ciudadanía, como en el caso del cuento citado. Todo ello por una sola y misma razón: el gran sueño americano, cuya realización les permitiría huir de la pobreza o de un país que no les brinda las mismas oportunidades a todos. Ese sueño que alimentaron durante toda su vida, a lo mejor tan solo viendo la televisión o hablando con familiares residentes en los Estados Unidos o con amigos que ya habían obtenido la ciudadanía. Se trata de una fuerza motriz que los mantiene vivos, una energía que necesitan y que los acompaña desde pequeños.
Sin embargo, obtener la ciudadanía es un largo proceso que, a menudo, puede durar una vida entera. Es una espera que se dilata en el tiempo y que alimenta aún más la esperanza, avivando ulteriormente ese deseo que, a pesar de todo, no se cumple al conseguir la tan ansiada Green Card, sino que sigue manifestándose en la búsqueda de una vida como la que soñaban cuando niños. Esto porque, una vez convertidos en ciudadanos estadounidenses, siguen siendo considerados mexicanos (o latinos) y, como tales, tienen que afrontar todavía muchas trabas, como, por ejemplo, encontrar un puesto de trabajo bien remunerado, algo que antes parecía muy simple y que luego ya no resulta tan fácil. En consecuencia, se hallan casi siempre, al final, con un sueño ya vacío de toda esa sustancia que ellos mismos le habían otorgado.
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