La pandemia del miedo
Sin restarle la más mínima importancia a los efectos que está teniendo en la sociedad la crisis, aún descontrolada, del coronavirus, y con el mayor de los respetos y condolencias a los familiares y amigos de las víctimas que está dejando por el camino, no creo que se estén haciendo bien las cosas, ni desde los responsables de Sanidad ni desde los medios de comunicación, por los mensajes alarmistas y sensacionalistas, respectivamente, sin aportar soluciones ni unos ni otros.
La psicosis generalizada que estamos viviendo se ha extendido como una mancha de aceite y está generando un clima de incertidumbre y ansiedad colectiva más preocupante que la propia enfermedad. El miedo se ha instalado de tal forma en la sociedad que ya no podemos casi ni mirarnos por temor al contagio, y está provocando también un tremendo pánico de incalculables consecuencias y de devastadores efectos para la economía doméstica, así como para el mercado laboral que es el más vulnerable de todos los actores en juego.
No cabe duda de que la economía global está sufriendo un severo castigo, que está paralizando, prácticamente, la industria, el comercio, el turismo, las ferias y convenciones nacionales e internacionales, y un largo etcétera de efectos secundarios. Habrá que confiar en que los investigadores descubran alguna vacuna que detenga el avance del Covid-19, pues de lo contrario nos esperan unos cuantos meses de angustia y de recesión de la que será difícil recuperarse.
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