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Migrar no es para nada fácil, es un camino largo y tortuoso que quizás nunca termine en la integración

4 de Marzo del 2020 - Jean Carlos Cruz Holguín (Génova)

¿Qué saben ellos? ¿Qué saben las personas que nunca, por un motivo u otro, han tenido que migrar, que nunca han vivido la sensación de sentirse extraños, fuera de lugar, en un país ajeno? Me gusta pensar que, muchas veces, las personas se ponen a soliloquiar de cómo serían sus vidas si hubiesen seguido viviendo en su ciudad natal, en su país. Dichosos son los que tienen la suerte de vivir en el lugar en que nacieron, dichosos los que no tienen que cambiar su rutina diaria, dichosos los que no han tenido que volver a comenzar desde cero, a aprender otro idioma, otros usos y costumbres, a instaurar nuevas relaciones. Ciertas personas no comprenderán la condición del extranjero ni que ese ser "extraño" necesita tiempo para adaptarse de la mejor manera posible a esa nueva realidad que le resulta ajena: el acoplamiento no es algo que se da de inmediato, es un proceso que requiere su tiempo, quizás poco, o quizás mucho, eso no se sabe. Algunos tratarán de marginar a esos "extraños" por no ser como ellos, por tener otro color de piel o por tener otra creencia religiosa. Para los migrantes, desde el principio, la vida en ese país ajeno será un camino cuesta arriba, tendrán que luchar contra los prejuicios que mucha gente tendrá hacia ellos, contra la desconfianza por ser "diferentes": algunas personas los verán como una amenaza de la que hay que protegerse, sin considerar que los migrantes escapan de situaciones difíciles en sus países de origen. Siempre se dice que las naciones ricas no pueden acoger toda la miseria del mundo, que necesitan fronteras físicas, como lo son los muros existentes, para protegerse de una invasión, ¿pero es realmente la verdad? El mundo contemporáneo coloca, por un lado, a los que conocen los beneficios de la paz y de la prosperidad; por otro, a las personas a las que les falta todo. Luego están los hijos de los migrantes, sobre todo los que eran muy pequeños cuando migraron: recibirán una educación diferente, muchos de ellos perderán su lengua materna y sentimentalmente estarán divididos entre su país natal y ese país que los acogió y al que ahora creen pertenecer. La nostalgia es un sentimiento preponderante en los migrantes, nunca se olvidarán de dónde provienen, porque no pierden totalmente sus raíces, sino que se trata más bien de una transculturación, ya que el pasado no se puede borrar. Uno puede acostumbrarse, asimilar el nuevo entorno, pero no eliminar sus orígenes.

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