COVID-19

10 de Marzo del 2020 - Óscar Corte Sánchez (Gijón)

Cuando comento con mis alumnos la situación relativa al COVID-19, estos me trasladan los aspectos generales del discurso oficial. El COVID-19 es un virus equivalente o, si cabe, menos lesivo que el virus de la gripe. Ayer el director de la OMS ha declarado en Ginebra: "A nivel global aproximadamente el 3,4% de infectados por el COVID-19 ha fallecido. Por hacer una comparación, la gripe mata a menos del 1% de los infectados".

Incluso prescindiendo de este aspecto, manteniendo una perspectiva de baja mortalidad, da la impresión de que el COVID-19 no es un asunto banal. Afecta profundamente a nuestro sistema económico y puede colapsar nuestro sistema sanitario (por captación de recursos y cuarentena del personal). Tan solo en Vitoria 100 miembros del personal sanitario están confinados preventivamente en sus casas. El epidemiólogo Ben Cowling comenta que "o Italia retrasa el pico de contagios o su sistema sanitario colapsará" y en el mismo país el comité científico asesor del Gobierno propone medidas drásticas: competiciones deportivas durante un mes a puerta cerrada, cancelación de espectáculos, distanciamiento social de un metro. Acabo de escuchar que se suspende la actividad escolar hasta el 15 de marzo. No es improbable que el patrón de la evolución de contagios en el resto de países europeos siga la misma estela que en Italia.

En el día después de que se haya declarado el contagio en España del primer profesor por COVID-19, parece que estamos ante un buen momento para reflexionar sobre la respuesta de nuestro sistema educativo ante esta situación. Dado su hacinamiento, los contactos sistemáticos y la compartición de materiales que en él se desarrollan estamos, sin lugar a dudas, ante un excelente candidato a vivero para el crecimiento de nuestro amigo.

¿Y cuál es la respuesta del sistema ante esta situación? El Ministerio de Educación no ha tenido nada que decir y nuestra Consejería de Educación tan solo ha subido a Educastur una nota informativa del Ministerio de Sanidad sobre síntomas y medidas preventivas básicas. Su contenido está en la red, pero no se ha trasladado a las aulas. Así que, créanme si les digo que no van a tener gran dificultad en encontrar a alumnos de su entorno a los que esta situación anómala que estamos viviendo no les ha supuesto la recepción de ningún comentario en sus clases, e incluyo si me apuran la clase de Biología. Nada nuevo. Nuestras enseñanzas, nuestras dinámicas y la realidad siguen siendo, al parecer, mundos paralelos.

¿Y cómo podría nuestro sistema contribuir a afrontar esta situación? Pues, humildemente, pienso que desarrollando medidas tendentes a enfatizar e interiorizar la cultura y las acciones de prevención, así como generar dinámicas de comportamiento colectivo en un ambiente lo más normalizado posible. Ahí van algunas de ellas.

- Distancia de seguridad: Separar los pupitres del alumnado por columnas en las aulas. Bien es verdad que no va a haber espacio suficiente para alcanzar la distancia de seguridad de un metro, pero pueden tener por seguro que la probabilidad de contagio por estornudo va a ser inferior estando a 80 centímetros de distancia que a 20 centímetros. Lo de establecer dinámicas de circulación en los pasillos lo dejamos para nota.

- Hábitos higiénicos: ¿Estamos en condiciones de garantizar que en los aseos de nuestros centros escolares hay, en estos momentos, dispensadores o pastillas de jabón? Podríamos empezar por ahí. También sugerir a los alumnos que traigan una toalla pequeña, para uso individual, con la que secarse las manos. Establecer un protocolo de lavado de manos a lo largo de la mañana durante las clases queda para la excelencia.

- Supervisar a primera hora de la mañana que el alumnado venga provisto de pañuelos desechables (como recordatorio) y aprovechar el momento para recordar la conveniencia de establecer una distancia física de seguridad y cómo se debe estornudar.

No sé si estas propuestas tendrán valor preventivo efectivo, pero al menos incorporarían una reflexión sobre estos singulares momentos. Lo ridículo sería programar, dentro de un año, simulacros de prevención ante situaciones epidemiológicas teniendo un contexto tan didácticamente enriquecedor en estos días.

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