Machismo proteccionista
El peor de los machismos es aquel que subyace y se esconde bajo un feminismo presuntuoso y proteccionista. Por parte de hombres y también de mujeres.
Ese proteccionismo hace de menos a la mujer.
Luego, para acabar de redondear la faena dicen que hay que protegerlas cuando van borrachas, interpretando que, de noche y borracha, no sabe por dónde va la muchacha; que podrían abusar de ella. Cosa que, por cierto, es cierto. Como lo es también para los hombres; solos, de noche y borrachos, son víctimas propiciatorias de robos y agresiones también; en esta sociedad podrida y criada en la comodidad, sin disciplina y sin respeto por nada y nadie. Pero estas feministas retrógradas piensan que los problemas son todos de ellas y deben resolverlos a costa de marcar a fuego a todos los hombres, cuando "por lo que hace una minoría nunca se debe culpabilizar a la mayoría". "Los árboles son todos madera, pero el pino no es ébano".
Si rechina escuchar a la ministra de Igualdad decir sandeces en nombre de todas las mujeres, colocando a los hombres en una posición de desigualdad ante la ley, lo de Pedro (nuestro presidente) diciendo que es un Gobierno enteramente feminista es de traca barata, señor machito protector. Luego tienen la cara dura de llamar machistas a los otros, a los que defienden la igualdad al completo, sin atajos y enchufes por tener vagina en vez de pirulina.
El feminismo bien entendido es el que luchó y debe luchar por conseguir los mismos derechos, libertades y mismas posibilidades para la mujer, no aprovecharse para tener primacías y preferencias por serlo. Menos aún el tener ventajas ante la ley. Una ley que discrimina al hombre dando a la palabra de mujer verdad absoluta no es ley. Aunque solo fuera un caso de falsa acusación, en mi nombre no. Mi palabra tiene al menos el mismo valor que la de cualquier mujer. Algo hay que hacer para disminuir esa sangría de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas, pero así me temo que empeora todo más. No puede quedar en manos de populistas jovenzuelos sin experiencia más allá de la teta de mamá el hacer leyes de ese calibre.
Señores y señoras feministas (machistas de alto grado), el seso -no el sexo- es lo que marca la eficiencia.
El proteccionismo varonil, muy de moda, es machismo en toda su extensión, repugna, porque interpreta y convierte a la mujer en alguien incapaz de por sí misma lograr alcanzar lo que su capacidad disponga. Ahora bien, sabemos que no defienden a todas las mujeres, solo a las arribistas tipo Irene Montero, que encontraron un filón en esto de la defensa del feminismo rancio, se le suman todas las incapaces de por ellas mismas llegar, necesitan atajos, cuotas y cremalleras. Nada mejor que unirse para sacar tajada.
Decía que no defienden a todas las mujeres porque millones de ancianas, mujeres mayores, están fuera de este clan pancartero y callejero. Las madres y las abuelas no tienen cabida en sus lemas borrachines y de entelequia mental entre consentimiento o negación. Estas mujeres mayores son muchas más que las otras, pues a estas las dejan en la más completa soledad, cargando con miedos, enfermedades, discapacidades y años encima sin sentir vergüenza por ello. ¿Para cuándo unas residencias en condiciones donde podrán colocar a todas esas empleadas domésticas con salarios decentes? Esa es la verdadera igualdad.
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