Casteando
Cuando por fin se llegó a un acuerdo de Gobierno PSOE/UP celebré como el que más la llegada del primer Gobierno de coalición de izquierdas desde la II República. No podía ser de otra manera. El PSOE necesita de una fuerza a su izquierda para hacer políticas sociales de calado y no verse condicionado por los poderes fácticos de toda la vida más las fuerzas reaccionarias que han crecido como setas dentro de su propio partido (González, Guerra, Corcuera, Page...).
No es tiempo todavía para hacer balance crítico de la acción de gobierno. Por mi parte sería un ejercicio de insensatez, cuando llevan escasamente dos meses de acción política con la espada de Damocles independentista sobre la Moncloa. Tiempo habrá para ello; de momento, la música no suena mal.
He comentado, en varias ocasiones, que me siento identificado en un porcentaje alto con el programa electoral de Podemos y con sus propuestas económico-sociales. También, no es ajeno para quienes me siguen, mi opinión negativa sobre la figura y la personalidad de Pablo Iglesias. He manifestado que soy más podemista que "iglesista" (si se me permite la palabreja) y que mi condición de persona libre de ataduras partidistas me permite (y exige) ser crítico con el comportamiento y pronunciamientos de los referentes de izquierdas.
Mi militancia política durante 32 años me ha hecho ser pragmático y siempre he abrazado los postulados de la socialdemocracia europea que ha traído el bienestar social a sus ciudadanos. No creo en otros postulados. Por ello, he puesto en valor los esfuerzos que UP está haciendo para sacar adelante las políticas sociales que son posibles en este país, de la mano de un PSOE valiente; pero no puedo dejar de manifestar, una vez más, mi disgusto por las propuestas que el líder de Podemos lleva a la tercera asamblea de Vistalegre, en especial aquellas que tienen que ver con la no "profesionalización" de la política y del ejercicio del poder como un servicio y no como "servirse", propio de la casta, tan criticado por él.
Todo el mundo tiene derecho a cambiar de opinión (el ejercicio del poder es lo que tiene), siempre y cuando ello tenga que ver con las propuestas programáticas, pero lo que no es de recibo es que los cambios de opinión tengan que ver con los cimientos que sostienen la esencia misma de un partido que nació para hacer del ejercicio de la política un valor ético en sí mismo. Pretender abrir la puerta hacia la permanencia "sine die" del liderazgo de Podemos es considerarte imprescindible, más propio de otras latitudes... es "castear"; al igual que el cambio de criterio en lo referente a la percepción económica que los cargos públicos de Podemos deben asumir para evitar, entre otras cosas, la profesionalización de la política, argumentando torticeramente que el SMI ha cambiado (la medida se aprobó en el código ético del 2014).
Esto empezó mal desde que las bases, en referéndum, le dijeron adelante con la compra del "casoplón". Someter a referéndum algo que tiene que ver con tu esfera privada es lo más lamentable que se puede hacer desde la izquierda. No obstante todo ello, personalmente seguiré apostando por el Gobierno de coalición de izquierdas. Allá la militancia de Podemos si acepta, una vez más, el atropello a sus principios fundacionales. Diríamos, al fin y al cabo, que compete a su legítima organización interna... pero son ellos los que nos han abierto las puertas de su casa a los ciudadanos para que opinemos.
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