El pacto de las desilusiones
Recuerdo mi último trabajo como teleoperadora. Estaba cansada, iba a trabajar sin ningún tipo de motivación. El contrato se terminó y me quedé apagada, y, por otro lado, sentí alivio.
Pasó un mes y se anunció la convocatoria para la OPE de celador. Me dije... “esta es la mía”. Era la primera vez que sentía de nuevo una motivación laboral. Me apunté a una academia y comencé las clases y el estudio diario. Dos meses después me quedé embarazada y empezaron las náuseas, los mareos... Cada vez estaba peor, pero seguía estudiando en momentos de cierta tregua. Si no podía ir a la academia, mi marido se pasaba por allí y recogía el tema de esa semana y los test. En la cama, tirada durante casi dos meses, estudiar fue mi motor para no desesperarme.
Y llegó el día del examen y fui muy nerviosa... Aprobé. Quedé en bolsa. Objetivo cumplido.
Para mí la modificación del pacto de contrataciones del Sespa supone no solo haber gastado parte de mis ahorros y haber invertido mucho esfuerzo... Supone un mazazo a toda la esperanza que puse en este proyecto cuya finalidad era trabajar en el sector público. A veces no sé cómo voy a inculcarle el día de mañana a mi hijo valores tan poco presentes como el esfuerzo, la constancia y la ilusión.
Ni igualdad, ni mérito, ni capacidad.
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