Mas carilla
Nunca imaginé que la mascarilla, un producto tan simple, tan rudimentario y, a la par, tan incómodo y antiestético, se convertiría en un artículo de lujo, tan sobrevalorado y solicitado como si de un Rembrandt se tratase.
Como consecuencia del coronavirus, los hospitales y farmacias apenas tienen existencias, los repartidores que dispensan las mismas son asaltados en plena calle, y los más listos de la clase buscan lucrarse vendiéndolas en el mercado negro a precios astronómicos.
Como consecuencia de esta paranoia en la que vivimos, los que precisan de verdad el uso de mascarillas (inmunodeprimidos, enfermos portadores de gérmenes transmisibles por la nariz o boca) y que no pueden prescindir de este artículo como parte del tratamiento de sus patologías, por culpa del alarmismo social ocasionado, se están quedando sin protección o pagando más de lo habitual por obtenerlo.
Así que, menos egoísmo y más empatía, porque va a ser cierto que lo barato sale caro.
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