¿Historia o leyenda? La historia siempre puede convertirse en leyenda
Convencido de que Teruel existe, me fui con viento fresco a enfrentarme con el mal tiempo. Contaba con la incombustible lealtad de mi viejo Mercedes. Me habían invitado a pronunciar una conferencia y naturalmente madrugué lo suficiente como para que me sobrara tiempo, pero ¡Teruel estaba a rebosar! Conseguí encontrar el aparcamiento de la plaza Bretón y me fui abriendo paso, agachado para no salir en las fotos, entre la marabunta de turistas entusiasmados con este Teruel cuidado y espléndido, con su leyenda de los Romeo y Julieta aragoneses.
Me preguntaba si a los turistas les interesa la verdadera historia o simplemente una historia bien adornada. La verdad suele ser más comprometida. Así que, en una buena medida, todos estamos expuestos a la historia que nos quieran contar. En algunas ocasiones, la historia no solo es parcial, sino también fraudulenta. No solo los faraones egipcios borraron sus derrotas de la historia; la antigua Unión Soviética, por ejemplo, “eliminó de los libros el nombre de Trotsky, a fin de que no quedara constancia de su existencia”, dice la obra “Truth in History” (“La verdad y la Historia”). Trotsky fue un dirigente de la Revolución bolchevique cuya autoridad solo era inferior a la de Lenin. Tras la muerte de este último, Trotsky tuvo enfrentamientos con Stalin, fue expulsado del Partido Comunista y, más tarde, asesinado. Su nombre incluso se eliminó de las enciclopedias soviéticas.
Algo similar ha sucedido bajo muchos regímenes u organizaciones dictatoriales, que han hecho de la adulteración de la historia una práctica habitual que ha conducido, entre otras cosas, a la quema de los libros disidentes. Otros investidos de la autoridad máxima simplemente han quemado vivos a los disidentes. Y hay los que adoctrinan para atribuirse un reino que nunca fue suyo, esperemos que se conformen con apoderarse de objetos de otra historia para añadirlos a su supuesta historia, suponiendo que el devenir de los siglos pueda borrar las malditas huellas. Bueno, me voy despegando de la historia de las historias, tengo que concentrarme en la realidad probada; ya voy llegando...
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