Ningún criado puede servir a dos señores
La crisis del COVID-19 pondrá contra las cuerdas toda nuestra ética.
No pretendía volver a hablar del COVID-19, pero me temo que volveré a hacerlo por sus consecuencias. Dado su largo periodo de incubación es difícil evitar su propagación, aunque sea también difícil su transmisión. Por tanto, si no eres personal sanitario, no debes preocuparte en exceso de tu protección y sí de no ser un posible transmisor aislándote. Pero aislarse trae consecuencias muy importantes dada nuestra estructura económico-productiva.
En la época del Big Data y de la inteligencia artificial, ya se estará buscando el algoritmo que nos permita la toma de decisiones al respecto. Ahí, en ese algoritmo para la toma de decisiones, se pondrá a prueba nuestra ética. Porque no nos engañemos, estamos en una época en la que se antepone el dinero al amor al prójimo o próximo.
Nadie cuestionó ni cuestiona la activa profesionalidad del personal sanitario que va a su trabajo a diario sabiendo que éticamente no puede fallarle a la sociedad. Pero, ¿cuál es la función secundaria de todo sistema de salud y sobre todo de un sistema sanitario público? Facilitar una vida saludable y activa a las personas. Aquí empieza a aparecer el meollo: ¿quiénes son consideradas personas "activas"?
Hasta hoy nadie paraba la producción porque alguien cogiera la gripe normal y se confundía catarro con estar griposo, porque su mortandad era solo del 0,1% y, sobre todo, en personas de más de 60 años. Pero ahora, el ejemplo de China al parar la producción prohibiendo la actividad de toda la gente nos obliga. (Se para la actividad de la gente al no saber quiénes son o no son portadores del contagio, lo que lleva a una situación económico-productiva calamitosa).
¿Qué ha cambiado? Es un virus nuevo y existen protocolos previos para tal novedad. También obliga que la mortandad actual en Italia es del 4,2% (China 3,7%) y siguen como personas de riesgo las personas no "activas" o deficientemente "activas" por problemas de salud. Ahora viene la pregunta del millón: ¿a qué señor servimos? ¿Qué riesgo estamos dispuestos a afrontar y cuánto a amar al prójimo? Desde el principio de esta crisis sé que hemos de decidir entre el amor al prójimo o el ur-fascismo* latente más virulento y dañino que brotará como pandemia después.
Había en el Paraíso dos árboles: el árbol de la vida, en el centro, y el árbol de la ciencia del bien y del mal. ¿De cuál comer o no comer?
(*) Stalinista o hitleriano: ambos odiaron lo deficientemente "activo".
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