¡Qué desagradecida es la gente!
Según parece, el Rey emérito, Juan Carlos I, hizo una donación de 65 millones de euros a Corinna Larsen porque le tenía mucho cariño, y esta los recibió, también según parece, sin habérselos pedido. Pero también parece que los recibió y no los devolvió, a pesar de no haberlos pedido, en atención al Monarca por su cariñoso gesto.
Sin poner en duda la inviolabilidad del Monarca, que es constitucionalmente incuestionable, lo que sí parece probado es que la donación existió y que esta fue motivada, según declaraciones de Corinna, por el cariño que Juan Carlos I les profesada a ella y a su hijo.
Al margen de otras consideraciones, de lo que no cabe ninguna duda es de que hay que tener un inmenso cariño a alguien para hacer tamaña donación, y no solo eso, sino también disponer de esa cantidad, que no es baladí. Una cantidad de dinero con la que Corinna parece que le ha comprado un castillo a su hijo para que siempre recuerde agradecido la figura de su bienhechor, a quien su madre parece querer demandar por las presuntas amenazas que ha debido de recibir para que no dé el cante.
Mientras los protagonistas de esta historia guardan silencio, en todos los foros no se habla de otra cosa, haciendo mil y una conjeturas que no vienen al caso porque mi intención no era otra que hacer un breve comentario de un hecho que va a tener una sonada repercusión mediática y un futuro judicial incierto.
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