Conciliación
Siento admitir que se me hacía necesaria, por lealtad a mi persona y fidelidad a nuestra gran lengua castellana, aclarar un tema, efectivamente, no de fuerza mayor pero que, en sí, representa un problema lingüístico y pasa incluso a la alcoba si tomamos el tema como se debe tomar. En fin, sin explayarme más resumo que la trama discurre en torno a la palabra conciliar, leo que quieren conciliar los médicos y médicas, las cocineras y cocineros, incluso mi señora habla de conciliar y mi mente evoca escenas de amor, que nada tienen que ver con alternar trabajo con diversión o compartimiento familiar. No sé si el problema radica en mí o si la palabra atiende a diferentes significados. Indagaré, pues el tema adquiere tintes de conflicto personal cuando oigo en una manifestación popular a señoras y señores de impecable porte y naturaleza cordial y educada gritar al unísono: "Queremos conciliar", incluso sin precaución de hallarse a las puertas de un colegio infantil, no siendo la primera vez que mi señora me detiene caminito de adecentar la manifestación. Ella se abstiene de pronunciar ya la palabra en público porque al mirarme sonríe pero yo sé que duda si convive desde hace años con un ciudadano ejemplar o con un calefactor mental desde que Pablo Iglesias apoyó en un acto la conciliación y creí perplejo que el vicepresidente de nuestra noble nación se había hecho pornostar. Me pasa desde siempre, doctor, espero tenga solución. Últimamente todo son problemas.
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