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Una sana reflexión

10 de Marzo del 2020 - Alejandro González Lada (Urbiés)

Desde la Escandalera hasta cualquier Ayuntamiento, pasando por los parlamentos autonómicos, cuarteles militares, comisarías de Policía o Guardia Civil, todos los edificios que albergan instituciones estatales están tocados por la bandera nacional. Sin embargo, una institución que yo entiendo como algo más que un servicio para todos-as como son los hospitales, no tienen ni una sola. Ignoro el motivo, y soy de los que pueden prescindir de dicho adorno, porque lo que me interesa por encima de todo es el servicio que esos organismos públicos nos pueden proporcionar, y cuando pienso en el interés que las formaciones políticas de la derecha muestran hacia la privatización de la sanidad, interpreto que los servicios que allí se dispensan nada tienen que ver con el patriotismo o el patriota.

Actualmente, mientras libramos la lucha contra la pandemia del coronavirus, nadie acude a la sanidad privada, nadie hace uso de sus seguros médicos privados, porque por si no lo saben, no les dan cobertura para este tipo de enfermedad. Me imagino que hoy el Sr. Ortega Smith se sentirá reconfortado por los servicios sanitarios de algún centro privado o... ¿estará pendiente de los servicios de algún centro público? A pesar de que estuve indagando a ver si podía concluir sobre su actual paradero, no puedo afirmarlo, pero dado que la sanidad privada ha tenido un papel destacadísimo en la crisis del COVID19, me imagino que tendrán los centros cerrados a cal y canto, con restricción severa para cualquier cliente sospechoso de estar infectado.

Dedico esta simple reflexión a todos esos abanderados de la sanidad privada, los que nos venden a diario que la gestión privada es la más eficiente y efectiva a todos los niveles, pero que en cuanto su póliza de seguros les da largas, salen como alma que lleva el diablo a exigir sus derechos como ciudadano de primera, puesto que siempre fueron grandes defensores de lo público.

En mis últimas visitas a hospitales públicos, he llegado a la conclusión de que disponemos de grandes profesionales pero no los suficientes. Cualquier persona que, por desgracia, tenga que visitar a un familiar enfermo puede comprobarlo por sí mismo. Las idolatradas máquinas, algunas donadas a golpe de bombo y platillo mediático, están paradas por la sencilla razón de que no hay personal suficiente, lo que nos debería conducir a la evidente conclusión de que el músculo de la sanidad pública son los empleados, y su carencia la sufrimos todos, unos más que otros, porque muchos no confiamos en que se nos atienda mejor a través de un seguro privado.

Finalizo... ¡qué suerte tenemos los españoles! Que el Rey emérito sea tan bondadoso con la señorita Corinna, donándole 65 millones de euros, debería hacer reflexionar a los patriotas de la nación para que mediten sobre la figura del monarca, que eligió donar esa ingente suma a su "cuidadora", amén de los millones que aún oculta en su cuenta suiza, dejando de lado al resto de sus compatriotas, a quienes no vendría nada mal una donación de semejante calado. ¿Viva el rey?...

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