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11M: ¿Éxito asegurado?

13 de Marzo del 2020 - Ana María Velasco Plaza (Oviedo)

Este 11 de marzo se cumplen dieciséis años de la masacre terrorista perpetrada en España, la mayor que ha tenido lugar en Europa. Y no solo la de mayor número de heridos y víctimas mortales, sino la más vil y perversa por todo lo que rodeó a su falseamiento e instrumentalización en una investigación que conduciría fatalmente a una sentencia infame que solo ha servido para prepararnos para otras sentencias mucho más recientes. Todo ello, perfectamente coordinado para alcanzar el fin buscado, que no era otro que un cambio de régimen a medio plazo. La misma mañana del 11M, así lo anunció un miembro del grupo abertzale Elkarri –“Esto merece una reflexión sobre la política antiterrorista, sobre el futuro”-, así como Gabilondo, a las 11.35 horas del mismo día: “El tiempo nuevo, un cambio de página, esta vez tiene que ser posible”.

Y en ello desempeñaron un papel pasivo, activo y proactivo todos los extras, figurantes y actores necesarios -políticos, medios de comunicación, miembros de cuerpos y fuerzas de seguridad, jueces y fiscales- desde el minuto 1 posterior a la masacre, para ocultar la verdadera autoría de los asesinatos. Consenso que -en contra de lo que viene siendo habitual para cualquier otra cuestión de Estado- perdura para dar por cerrada la investigación y acordar -en la línea de otras leyes de memoria y mordaza- que jamás se sepa el por quién y el cómo, no así el para qué se llevó a cabo esta masacre. Para ello es necesario mantener fuertemente blindada la vergonzosa cortina del olvido en tiempos, por el contrario, tan propicios para reabrir viejas tumbas, buscar restos en cunetas y revisar viejos procesos.

Para llevar a cabo el plan trazado, y una vez logrado el elevado número de víctimas propiciatorias, ya estaba creado el clima adecuado de consternación y miedo, para que los ciudadanos pudieran ser fácilmente pastoreados.

SEGUNDA CARTA PARA PUBLICAR HOY SI SE PUEDE, dijo Gonzalo

Luego vendría la innumerable cascada de noticias falsas: la aparición en los trenes de terroristas suicidas con las preceptivas capas de calzones, coches con contenidos fantasmas, mochila andante de Vallecas cargada de incoherencias pero con todas las pistas que conducirían a la versión oficial, explosivos que no explosionaron en los trenes, grupo de “terroristas” suicidas suicidados, cámaras que no graban...

Y todo ello, unido al rápido desguace de los restos de los trenes a las veinticuatro horas del atentado, incluso a la increíblemente vergonzosa eliminación en fechas muy posteriores del único vagón que se salvó de su destrucción en caliente, así como la eliminación inmediata de las pertenencias de los viajeros. Había que hacer desaparecer las pruebas importantes que podrían haber dado al traste todas las falsedades tan burdamente elaboradas, ruedas de molino con las que, salvo contadas excepciones, el incrédulo y sagaz pueblo español viene comulgando devotamente hasta la fecha.

Por desgracia, no solo los autores intelectuales y materiales del atentado, sino todos aquellos violadores de la verdad continúan en libertad y, dentro de una maraña de intereses cruzados, se saben perfectamente protegidos por aquellos cuyos réditos del atentado están siendo puntualmente cobrados.

Hoy mejor que nunca sabemos con certeza que la finalidad de aquel atentado está a punto de alcanzarse. No hay más que mirar lo que era la España de entonces y en lo que se ha convertido en estos años. Ha sido un proceso lento, pero seguro, en el que todos -unos, conscientemente; otros, mansa y adocenadamente, y otros, inconscientemente- hemos contribuido a ello. Desde los respectivos presidentes de Gobierno -Zapatero, marcando la hoja de ruta, seguida mansa y cobardemente por Rajoy y pasando el testigo a Sánchez, dispuesto a culminar el objetivo final del cambio de régimen satisfaciendo su ego y rodeado de entusiastas colaboradores llenos de odio, revanchismo y fiebres esquizofrénicas separatistas- pasando por el mimetismo, cobardía y complejos del partido que entonces sufrió políticamente las consecuencias de un atentado fraguado en sus narices, pasando por los medios de comunicación -apesebrados unos, revanchistas otros- y sin olvidar a una sociedad adormecida y de tan increíble como fácil manipulación. Todo ello conduciría al resultado final del atentado del 11M que estamos empezando a vislumbrar.

No sé si las palabras del juez ponente del juicio del 11M “hay cosas tan graves en el 11M que por ahora es mejor que no se sepan” aún estarán en vigor. Pero lo que sí sabemos con certeza es que los objetivos del atentado están a punto de cumplirse. Y que un país que no sabe honrar a sus muertos, que pasa página del mayor ataque terrorista cometido en su suelo y que no quiere averiguar todo lo que realmente pasó es un país herido de muerte que merece su triste suerte.

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