Il Decamerone

14 de Marzo del 2020 - Ramón Alonso Nieda (FUENTES- ARRIONDAS)

Si bien es cierto que no hay situación buena que no pueda mejorar, no sería justo comparar la gestión del coronavirus por el Gobierno de coalición con la gestión del ébola por el PP. Entonces se contagió una enfermera y hubo que sacrificar a un perro, al pobre “Excalibur”. En cambio, en el momento de redactar estas líneas solo tenemos 1.600 contagiados y apenas treinta y pico muertos. Muertos enterrados en un discreto y pudoroso silencio. Nada comparable al protagonismo mediático de la enfermera y de “Excalibur”. Sánchez, que ya apuntaba maneras, interrumpió entonces su tesis para exigir la dimisión de la ministra de Salud, que también fue sacrificada.

Tampoco sería justo acusar al Gobierno de correr sistemáticamente tras los acontecimientos. En apenas un mes, se han distribuido cantidades industriales de placebos, salidos de los laboratorios públicos de La Tranquilidad que dirige el Dr. Simón. Ello permitió celebrar sin restricciones las concentraciones del 8M y que las del género vuelvan a casa, además de solas y borrachas, aparentemente inmunizadas, dado que, afortunadamente, el virus está mostrando un comportamiento clínicamente progre, al atacar preferentemente a elementos del heteropatriarcado. A los diputados de Vox ya los habían expulsado de todas las comisiones; ahora que tienen un enfermo, se cierra el Parlamento, con lo que España queda durante una temporada con un Ejecutivo “manos libres”.

Pero con el miedo ocurre como con los coches eléctricos, hay que repostar a menudo para que funcione; por eso nos muestran en tiempo real el mapa de la extensión del incendio. Eso sí, sin activar las mangueras, no sea que nos asustemos. Ahora que la España del contagio arde por los cuatro costados, el Gobierno se lava las manos (medida profiláctica elemental) y dispone, bajo pena de multa, que nos quedemos en casa, que nos las arreglemos como podamos y que Dios nos coja confesaos.

El guion previsible es que, adoptadas estas medidas salvíficas de emergencia, el Gobierno se retire a Quintos de Mora, una villa suntuosa a las afueras de Florencia, camino de Fiésole, donde los 22 ministros y ministras de la coalición matarán los tiempos muertos de la cuarentena contándose historias salaces. Ya nos lo contó Boccaccio. Una gozada. (Que usted lo pase bien, amable lector, y pueda contarlo).

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