Dos artes: medicina y política
Es su momento, el de la ciencia médica en todos sus frentes y el de la política como arte que ha de velar por el buen orden del Estado. Una y otra han de cooperar. De ser así, las decisiones que se tomen podrán entenderse como prudentes. Ignoramos el futuro, pero estamos obligados como ciudadanos a doblegar nuestro hacer particular e irresponsable sustituyéndolo por el buen hacer derivado de la escucha y del cumplimiento de lo que se nos aconseja y se nos comienza a mandar. Cautela, y que nuestros médicos puedan realizar su labor con sabiduría, que abracen el problema hasta dominarlo. Cautela, y que los políticos sepan ver con sus decisiones la trayectoria de vida del conjunto de los ciudadanos de este país.
Valga para estos días la perspicaz guía reflexiva del genial Espinosa. De acuerdo con su ética materialista, la medicina se deberá entender como una labor que de acuerdo con la razón promociona la vida del individuo, es decir, se ajusta a la firmeza. Labor ética por excelencia dado que su saber hacer no es otra cosa que el mantenimiento de la vida. “El hombre libre (el médico especialmente) en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida”. Y también la política, que sería ese arte que ha de velar, siguiendo a la razón, por el bien común entendido como la pervivencia del grupo. De acuerdo con esto, podemos decir que la política se ajusta a la generosidad, labor esta rigurosamente moral. “El fin del Estado no es otro que el de la paz y la seguridad de la vida. Por consiguiente, el mejor gobierno es aquel con el que los hombres pasan la vida en armonía y las leyes son cumplidas sin violaciones”.
Entre todos, y sobre todo con ellos, luchemos, seamos libres, para poder acometer con garantías de éxito el problema.
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