Tutti a casa!

14 de Marzo del 2020 - Marcelo Noboa Fiallo (Gijón)

Hace unos días colgué de mi muro de Facebook la siguiente frase: "Al coronavirus no le detiene el pánico, sí la inteligencia". Como toda frase (que puede ser más o menos acertada), quien la escribe corre el riesgo se simplificar en exceso e incluso de ser interpretado equívocamente. En el caso a que nos referimos, la primera parte de la frase creo que no requiere demasiadas explicaciones, pero la segunda sí ("Sí la inteligencia") porque al apelar a ella no estamos refiriéndonos solo a lo que la psicología maneja normalmente como concepto: "Facultad de la mente que nos permite aprender, entender, razonar, tomar decisiones y formarse una idea determinada de la realidad", en este caso, pretendíamos enriquecer algo más el concepto dado que irremediablemente "vivimos en sociedad", vivimos en un mundo globalizado y compartimos. El "yo" inteligente se transforma en "nosotros"

Hay momentos en los que el "yo" debe pasar a un segundo plano en beneficio del "nosotros" (como colectivo). El "yo inteligente" es el que es capaz de ponerse al servicio de la colectividad con sus actuaciones. Uno de esos momentos es el que vivimos en nuestros días desde que apareció el COVID-19, del que seguimos sin conocer mucho, pero sí de su gran capacidad de contagio y que los expertos nos lo recuerdan, mañana, tarde y noche. A estas alturas de la película, es bastante incomprensible que exista alguien que desconozca de qué estamos hablando; sin embargo, un número nada desdeñable de ciudadanos están dando respuestas nada "inteligentes", priorizando el "Yo" por encima del "nosotros" y, por tanto, contribuyendo a la expansión de la enfermedad y convirtiéndose en los principales responsables de su no detención.

Quizás el ejemplo de Italia resuma como ningún otro país esta falta de "inteligencia". En un primer momento, cuando las autoridades sanitarias italianas decidieron cerrar "a cal y canto" el norte del país (con mayor incidencia del COVID-19) y, por consiguiente, prohibieron los desplazamientos de sus ciudadanos hacia el resto del territorio (siguiendo el ejemplo de China), la respuesta "no inteligente" de un número considerable de italianos colapsó todas las salidas de trenes y autopistas hacia el sur del país (una señora se gastó 1.500 euros en taxi de Milán a Roma). No solo huían de la epidemia, haciendo prevalecer el valor de su "yo", sino que muchos de ellos portaban el "bicho" en su huida. Resultado, hoy toda Italia está contaminada.

En España, tras el anuncio del ministro de Sanidad de implementar las medidas preventivas para paliar, en lo posible, la extensión de la enfermedad, el "yo" se apoderó en varias ciudades, dejando desabastecidos algunos supermercados. El alcalde de Sevilla, lejos de dar ejemplo de cordura, sentenciaba: "Me tendría que llamar la OMS para que yo suspendiera la Semana Santa"; en Valencia, se juega el partido: Valencia-Atalanta, a puerta cerrada, pero los hinchas del equipo valenciano (miles de ellos) se concentran en los alrededores del estadio a animar a su equipo.

De América Latina (donde los casos de contagios COVID-19 todavía no llegan al nivel de alarma), algunas personas acuden a las mal llamadas "medicinas alternativas" y "hechiceros" para que "les den algo" para evitar su contagio. El triunfo, una vez más, del "yo" sobre el "nosotros".

Para terminar, procedo a ejemplificar como conductas "no inteligentes" (en estos casos, me quedo corto en el calificativo) las protagonizadas por Trump (EE UU) y Ortega Smith (España, secretario general de Vox). El primero (sin sanidad pública, ¿qué pasara con los 30 millones de estadounidenses que carecen de seguro médico, cuando la pandemia se extienda por el país?) suelta una de sus "perlas" a las que nos tiene acostumbrados: "Tal vez tengo una habilidad natural, los médicos están sorprendidos conmigo porque entiendo mucho de esto". Ejemplo claro de un "yo enfermo" de narcisismo e ignorancia.

Ortega Smith, por su parte, cual Rambo indestructible (como cuando escaló la roca de Gibraltar para plantar la bandera al grito de ¡viva España!), partió hacia el epicentro del coronavirus en Occidente, Milán, cuando ya las autoridades italianas tomaban las primeras medidas de aislamiento. Con el "bicho" bien instalado en su cuerpo, volvió a España a repartir besos y abrazos a compañeros y vecinos del País Vasco, a la policía de Madrid y a sus compañeros/as del mitin de Vistalegre. En las imágenes, se le ve tosiendo y limpiándose con un pañuelo los estragos del "bicho" instalado en su cuerpo. El "nosotros" no existe para esta gente. Es el rostro del neofascismo. Mientras tanto, el primer ministro italiano finalmente ha decretado el "Tutti a casa". Italia no es China, dudo mucho que le hagan caso y no quiero ni pensar lo que ocurrirá en Argentina (primos-hermanos de italianos) en el horizonte de unas semanas.

Buen momento este para releer "La Peste", de Albert Camus, y "Ensayo sobre la ceguera", de José Saramago.

Cartas

Número de cartas: 49712

Número de cartas en Abril: 81

Tribunas

Número de tribunas: 2196

Número de tribunas en Abril: 2

Condiciones
Enviar carta por internet

Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.

» Formulario de envío.

Enviar carta por correo convencional

Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:

Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo
Buscador