Aprovechemos bien el aislamiento
El día esta aguado y gris desde mi ventana, pero yo estoy bien, como hacía tiempo que no me encontraba, sí, sí, me encontraba, es como si del reencuentro con uno mismo se tratara. He salido del hospital aliviado de un largo padecimiento, la cirugía me salva una vez más. Me encuentro las calles casi desiertas, el toque de queda, de quedarse en casa, me va a sentar de maravilla, un tiempo inesperado para la paz, el sosiego, el silencio, la intimidad, la reflexión... es un tesoro en este extraño presente, aunque sea una oportunidad pasajera, incluso un tiempo realmente nuevo para la pareja. Miro a mi Grace Nelly y la veo más relajada, sin nietos, sin prisas, sin estrés... se me estremece el corazón como hace cincuenta años, ¡Gracias, Dios mío!
La gente está asustada y yo estoy contento, debo de ser un monstruo, es que este parón por causas impredecibles –no que no pudieran predecirse, sino que no se previenen– es también un regalo para los que no estén infectados, un tiempo para pensar en el camino equivocado del sistema, para reflexionar en otro posible modelo capaz de rechazar lo que no funciona, un modo más humilde, menos ambicioso de cosas materiales, más sensible ante la contaminación, la violencia, el abuso, la insolidaridad; menos dependiente de la política, la televisión, o el circo mediático que absorbe este extraño vivir. ¡Que sueño el de un mundo realmente humano!
Los defensores de la teoría de la evolución dicen que miles de millones de años atrás el océano que cubría la Tierra pudo haber llegado a ser una "sopa orgánica", aunque todavía sin vida. Entonces –explican ellos– "un accidente sumamente improbable formó una molécula excepcional". Milagrosamente, esta se reprodujo y formó otras moléculas que se agruparon para formar una célula viviente. ¿Puede haber algo más fantástico que esto? En ficción, sí, ¡pero difícilmente en ciencia! La revista "National Geographic" ha dicho que las instrucciones programadas (ADN) en tan solo una célula minúscula, "si se escribieran, llenarían mil libros de 600 páginas cada uno".
Leo en un artículo (Mario Coviso) que las cuarentenas nacieron a raíz de la peste negra de finales del siglo XIV. Parece que no se presta mucha atención a lo que realmente podría salvarnos, no interesa la idea de ser responsables ante un Creador que nos ha creado a su imagen, la imagen de la Justicia, la sabiduría y el amor. La cuarentena fue impuesta en la ley de Dios al pueblo de Israel hace más de 3.500 años (Lev. 13:4,5). Por cierto, esa misma ley prohibía alimentarse con animales salvajes, de esos que se comen a otros animales salvajes; será que Dios sabe lo que le conviene al ser humano. En eso podemos pensar ahora que tenemos tiempo, pensar para poner el alma en armonía con su Creador... bueno, al menos para los que no se vean a sí mismos como un producto casual, sin propósito; para estos sí que puede ser este un momento terrible.
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