Toca remar
Momento muy difícil. Para los que deben trabajar exponiendo su salud, para los que no pueden trabajar y han de asumir la posibilidad de un paro forzoso sin retribución alguna que crearía situaciones de penuria para ellos y su familia.
Todo sabido, pero de obligado reconocimiento. El momento es diferente. Es un fenómeno imprevisto. Rompe las reglas de juego del sistema de producción de nuestro país. La economía se expone a una crisis de larga duración. El sistema se debilita en su conjunto. Se está deteriorando en el ámbito de la producción, de la cadena de distribución y, por supuesto, de la venta. Es un mal momentáneamente sistemático, se anquilosa en el conjunto y falla en cada una de sus partes. El sistema se desequilibra, al no estar armonizado, con sus tensiones, con sus problemas, con sus reglas de mercado reguladas por principios por todos compartidos y que hemos de entender como los propios del libre mercado de mercancías.
Se está iniciando una inercia peligrosa de quietud. Estamos en una situación de calma, de demasiada calma, no hay consumo pletórico, hay un consumo restringido impuesto por la limitación necesaria de nuestra libertad de movimiento para evitar contagios. Sectores como los servicios se ven directamente afectados. Toca una segunda navegación para intentar salir del colapso de la nave del Estado. Hemos de navegar sin vientos, cada uno en su parcela, según sus capacidades, asumiendo que en algunos casos estará por encima de sus necesidades. Esta segunda navegación es dura, no hay fuerza ajena que nos impulse. Es una navegación en solitario, no hay vecinos que nos ayuden, y menos nuestros socios ricos de Europa. Solos hemos de intentarlo. No es momento de motines a bordo en forma de sabotajes o fraudes que puedan poner en peligro el sistema gestor y redistributivo de los pocos bienes con los que contamos para afrontar este reto. Hemos de garantizar el funcionamiento de nuestro sistema productivo y la atención debida y merecida de los ciudadanos más desfavorecidos de este país. Tampoco es tiempo para disputas ineficaces e inoperantes que rayen el desacato o la desobediencia. Quienes lo intenten se muestran, quienes se muestran serán recordados por todos.
Cuando por fin comiencen a soplar vientos favorables que nos orienten hacia lo mejor, hacia la consecución de un país que nos ofrezca más posibilidades, donde ya no sea necesario remar para vivir encadenados a las fauces de la enfermedad o de la muerte derivadas de la eficacia de un virus por el momento inexpugnable, será, repito, en ese momento más próximo al bien cuando podamos reconocer con una luz nítida, fraguada por la verdad y la pedagogía de mitos iluminadores, las mentiras, las cadenas de la falsedad que nos ataban a una falsa satisfacción perturbada por sentimientos embriagadores con capacidad para el desorden, la desestabilización y la disputa egoísta y mezquina entre comunidades autónomas.
Sobran los malos presagios. Debemos intentarlo, luchando, cuidándonos.
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